En la mañana de hoy, se llevó a cabo un homenaje a los estudiantes del Colegio Nº 9 Justo José de Urquiza detenidos, desaparecidos o asesinados durante la última dictadura cívico-militar, del que participaron familiares y amigos, organizaciones estudiantiles y gremiales, organismos de Derechos Humanos, alumnos y ex alumnos, docentes y autoridades de la institución. En el cierre del acto se colocaron en la puerta del establecimiento -ubicado en Condarco 290 del barrio de Flores- dos baldosas con los nombres y las fechas de desaparición de cada uno de ellos, las cuales fueron confeccionadas por el colectivo Barrios por la Memoria y la Justicia.

 

 

Los militantes populares que fueron víctimas del terrorismo de Estado y que estudiaron en el Urquiza son diez: Daniel Ferreira Monteiro (31-7-1976), Daniel Hopen (17-8-1977), Aaron Jallinsky (20-1-1977), Carlos Jeifetz (4-1-1977), Néstor Moaded (8-5-1976), Gustavo Pasik (22-5-1976), Luis Rajnmajn (26-5-1977), Daniel Rus (15-7-77), Rosalba Vensentini (2-9-1977) y Juan Zaragoza (9-6-1975).

Los familiares que estuvieron presentes fueron Remy Vensentiny, padre de Rosalba, y Zulma Hopen, hermana de Daniel. Visiblemente emocionado, Vensentini -quien además fue integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos-  evocó las últimas palabras de su hija la noche en que fue secuestrada por un grupo de tareas en su departamento de Av. Dellepiane y Escalada: “Papá, si esta noche me llevan secuestrada, no dejen de luchar por los desaparecidos junto a los compañeros que quedan vivos”.

 

 

Por su parte, Late tuvo oportunidad de dialogar con Zulma Hopen, quien afirmó: “Estoy muy conmovida porque fue un acto muy lindo, con la presencia de los estudiantes y de los ex alumnos. Estuvo todo muy bien organizado, me encantó. Pero más allá del acto de hoy, yo también sigo pensando en cómo se puede seguir trabajando esto durante todo el año, con los alumnos y los profesores de cada materia en las aulas”.

En este mismo, Zulma recordó a su hermano Daniel y destacó: “El desapareció cuando tenía 35 años, con lo cual tuvo la posibilidad de ingresar a la facultad, ser delegado estudiantil ante el Rectorado, recibirse y luego ser docente universitario. Con esto quiero decir que hay mucha más historia sobre él para transmitirles a los estudiantes secundarios”. Y agregó: “Hoy lloré mucho, no sólo por la emoción sino también porque no puedo dejar de vincular lo ocurrido en aquellos años oscuros con los tiempos que hoy nos toca vivir, en los cuales tenemos que redoblar los esfuerzos de la lucha”.