Multiplicidad de panelistas, se congregan en torno a un conductor, invitados políticos, apertura de temas, gritos, intercambios de “opiniones”, un momento para la política económica, seguido de los momentos sobre alguna banalidad, nuevamente la postura de incorporar lo simple de algún problema del momento, de vez en cuando, intervención del conductor para dar un marco de coherencia, todo en nombre de la “democracia televisiva”.
  Los caminos de la democracia son múltiples, pero no transcurren en medio de un conjunto de ruidos que afectan la emisión del mensaje, o quizás, se trasmite la idea que la discusión política fuera del espacio de la caja es un ruido, que toma la misma como la circulación de configuraciones de una discusión de asado o de una mesa de café entre amigos, una palabra democrática que no toma la distancia necesaria para reconstruir un proceso argumentativo, que construya una “estética de lo político”, con sus jerarquizaciones, lo visible y lo invisible, los discursos en tensión sobre el dar interpretación sobre lo real.
  Los tiempos de la televisión es el presente, y la selección de acontecimientos sobre los cuales sujetos pueden generar opinión, valoración de un ordenamiento de importancia entre múltiples acontecimientos de lo cotidiano, pero ordenamiento en fin, se discute sobre lo que es “visible” para quienes construyen ese categoría, lo “invisibilizado” comienza a correr su aparición por los espacios alternativos, nuevas argumentaciones, miradas… pero la “democracia televisa” no deja de mas que una selección.
  Diego Tatián dice:
        “Pura multiplicidad sin reconciliación, suele argüirse, por ejemplo, la intrínseca diabolicidad de la política por ser el ámbito de una pluralidad que nunca deja de ser tal, una multiplicidad sin síntesis no obstante los mecanismos de delegación, no obstante los procedimientos que prevén la institución de los representantes, y no obstante la producción de representaciones teóricas que buscan una decodificación y un imposible interpretación de la realidad”
 La “democracia televisiva” adquiere la forma de democracia directa, explicada por Rosanvallon, la misma en su discurso, no toma el carácter de no mediación entre representación, ciudadanía e instituciones, sino se configura como sujeto legislador, donde las temporalidades de lo político está marcado por los tiempos entre espacios de pauta publicitaria.
    Si la democracia, siguiendo a Tatián, es la designación de común de mantener abierta la pregunta que interroga por los cuerpos y las inteligencias y de establecer una institución hospitalaria con la que cuentan los seres humanos, una sociedad que se enfrenta a la posibilidad de producir una igualdad nueva, poniendo la temporalidad de la misma no en el futuro sino en la actualidad, como espectro que se toma conciencia de ella, se activa y se ejerce, se transforma ante todo en una irrupción de un régimen de signos que sustrae la vida visible de una jerarquía, la dominación, el desdén, el desconocimiento, la indiferencia o el destino en tanto efectos de la desigualdad… efectos que la “democracia televisiva” no te muestra, ya que los tiempos de la televisión no son los tiempos de la igualdad.

Fuente Diego Burd