Al igual que pasó con el Elefante Blanco, un gran edificio de 94 mil metros cuadrados se levantó al comienzo de la década del 50 sobre la avenida Warnes, entre las avenidas de los Constituyentes y Chorroarín. El destino era el de construir el hospital de niños más grande de Latinoamérica. Sin embargo el golpe militar del 55 truncó la posibilidad de concluir el sueño, y el abandono cayó por décadas sobre esas grandes torres de cemento.

El predio de 19 hectáreas, ubicado frente al Hospital Alvear pertenecía a la familia Etchevarne y fue expropiado por el presidente Perón. La historia de este terreno comienza en tiempos del gobierno de Rivadavia, cuando don Miguel de Etchevarne compró 40 hectáreas entre los pueblos de Flores y Belgrano, vecina a la Chacarita de los Jesuitas.

Años después don Miguel tuvo como cuñado a un precursor de la aeronáutica. Se levantaron entonces allí unos galpones para aviones. Las aeronaves se llevaban desarmadas por la calle Warnes hasta la Estación La Paternal del entonces Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico.

Tras la expropiación y el armado de la estructura, con el golpe de Aramburu todo quedó paralizado. Hubo un intento de un nuevo proyecto cuando el gobierno de facto transfiere el predio a la municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, con la intención de desarrollar en el edificio un centro sanitario municipal.

Sin embargo, el proyecto tampoco prosperó y la gran mole de cemento quedó finalmente olvidada. Por ese tiempo comenzaron a llegar las primeras familias que sin techo donde ir encontraron en las torres un lugar para resguardarse.

En 1961 el incendio de un barrio precario en la zona de Saavedra acrecentó la llegada de familias al predio de La Paternal. Ya para esos años comenzó a ser conocido como el Albergue Warnes.

El lugar que no contaba con gas, luz ni cloacas, se fue copando y de a poco, a pesar de las malas condiciones se fue organizando como un barrio. Los amplios pisos fueron dividiéndose con maderas en departamentos. Incluso hubo gente que señaló que alquilaban a otros moradores las precarias viviendas.

A pesar de la situación de vulnerabilidad, la necesidad hizo que se organizara la vida comunitaria. Aparecieron dentro de la gran estructura almacenes, pizzerías y un bar con mesas de pool.

Para la década del 80 se estimaba que vivían en el albergue Warnes unas 600 familias. Fue por aquel tiempo cuando la familia Etchevarne comenzó a reclamar que le devolvieran el predio expropiado tres décadas atrás.

Finalmente la Justicia falló a favor de la familia y el predio fue devuelto a sus antiguos dueños. A partir de ese momento se iniciaron las acciones para lograr que los moradores del precario edificio fueran trasladados a otro lugar.

Luego de varias negociaciones con funcionarios del entonces intendente Carlos Grosso, los pobladores fueron trasladados al barrio Fátima en Villa Soldati.

El camino entonces quedó despejado para que se dispusiera la implosión del edificio, hecho que se concretó el 16 de marzo de 1991 bajo la mirada de miles de personas. Actualmente funciona en esos terrenos un hipermercado y una escuela.

Fuente: La Prensa