Madrugada del 24 de diciembre.

Cuentan que un hombre de 67 años asesina de 62 puñaladas a su pareja, una mujer de 62 años en la casa que comparten. Se llama femicidio y, en el año de Ni Una Menos, es una noticia de impacto
En días festivos, cuando productores y redactores rascan el fondo de la olla en busca de noticias, lo previsible era que corrieran los móviles en vivo a apostarse en la puerta de la casa de Baliña al 1100, en Banfield, para llenar horas y horas de televisión. Pero claro, el femicida es un periodista de La Nación –aunque todos los medios hayan hablado de ex periodista– y la víctima, entonces, después de muerta, vuelve a desaparecer: apenas una noticia perdida en la vorágine de otras, la invisibilidad se convierte en otra forma de violencia. El espiral se hace aún más bochornoso por la justificación: el asesino estaba “deprimido” porque tenía un tumor cerebral descubierto hace pocos meses.
El nombre propio tiene acá mucho, muchísimo que ver: Antonio de Turris es presentado como “ex” periodista de La Nación, pero hasta el 7 de septiembre pasado firmaba notas en el diario fundado por Bartolomé Mitre.
Las complicidades corporativas. 

Fuente: José Ruben Sentis