Las armas de Francisco son simbólicas, pacíficas e informales. Pero son poderosas.

Las armas de Francisco son simbólicas, pacíficas e informales. Pero son poderosas.

Por Edgardo Mocca. El milagro del rosario. Un gesto simple, un enorme significado. El papa Francisco le mandó a Milagro Sala un rosario bendecido. No es una condecoración institucional ni un apoyo material. No tiene efecto vinculante para los tribunales de Jujuy ni es una amenaza para su gobernador. Las armas de Francisco son simbólicas, pacíficas e informales. Pero son poderosas.

Ya han producido un enorme silencio entre las clases privilegiadas de nuestro país, que han abandonado el entusiasmo con que acompañaron su consagración. Es un silencio pesado también el de los escribas del establishment: hubieran querido a un papa que reforzara la defensa ideológica del neoliberalismo, que renegara de los populismos y los nacionalismos, que hiciera silencio frente a injusticias y atropellos. Francisco los decepcionó. Hoy es una voz influyente y de alcance global. Es quien pronuncia el acta de acusación más firme y fundada contra el salvajismo capitalista mundial. Quien condena la cultura del descarte, la cosmovisión de la indiferencia con los que sufren. Es quien proclama al mundo la reivindicación simple y contundente de las tres t, tierra, techo y trabajo, los nombres de la solidaridad entre los seres humanos.

¿Es un gesto político el regalo del rosario? Lo es en el más profundo significado de la palabra porque es el tendido de un puente ahí donde hay un muro, el muro de la prepotencia de los poderosos, el de la revancha social, el de la persecución de lo diferente. Es político porque se pronuncia por la libertad, la más política de las demandas. A la libertad la han recluido en el más bastardo de sus significados, libertad de mercado, libertad de los negocios, libertad del dinero, de la propiedad, del capital. El rosario que dona el papa remite a la libertad de las conciencias, a la libertad del amor entre los seres humanos, a la libertad también de los que hacen lío, de los que no se resignan a un orden injusto. Francisco nos ha enviado un fuerte mensaje, no a los otros, a todos. Hay fuerzas en el mundo de los humanos que no toman decisiones institucionales y legalmente vinculantes pero que pueden enderezar lo que está torcido y sostener a los débiles. Ha dicho simplemente: libertad a Milagro Sala.

Fuente: Edgardo Mocca

Fuente ContraInfo