Un día como hoy pero de 1821 moría en la Cañada de la Horqueta don Martín Miguel de Güemes. Resulta sumamente difícil escribir un artículo breve sobre la vida de un héroe revolucionario de su talla.

Nos limitaremos a tratar de dar cuenta de cuál fue la importancia del líder de la denominada Guerra Gaucha, que ya de niño se destacó luchando contra los ingleses siendo edecán de Santiago de Liniers y protagonizando un acto de combate casi único en el mundo: el abordaje de un barco enemigo a caballo.

Al retornar a Salta, su provincia natal, Güemes se puso al frente de la resistencia a los realistas, organizando a su pueblo y militarizando la provincia. En 1815 fue elegido gobernador, desempeñándose en ese cargo que hasta 1820.

Luego de la derrota de Sipe Sipe, el ejército porteño al mando de Rondeau intentó quitarle 500 fusiles a los gauchos salteños, algo que no pudieron conseguir. El mismo Director Supremo Álvarez Thomas debió enviar otra expedición porteña, ahora al mando del coronel Domingo French, para socorrer a las tropas varadas en el norte salteño que comandaba Rondeau.

A los porteños ya les preocupaba el líder salteño porque no querían tener un “nuevo Artigas” con quien disputar el poder. La firmeza de Güemes lo convirtió en el garante de la defensa en la frontera norte contra el invasor español, que permitió en 1816 iniciar las sesiones del Congreso de Tucumán. Si no hubiese estado Güemes con sus gauchos en la lucha cara a cara contra los españoles, la historia que se relata en las escuelas sobre la “casita de Tucumán” nunca se hubiera podido escribir.

En 1817 el Mariscal de la Serna realizaría una invasión sobre Salta con una fuerza de 3500 hombres formada por los batallones Gerona, Húsares de Fernando VII y Dragones de la Unión. Hay que subrayar que eran soldados veteranos que venían de vencer a Napoleón. La respuesta de Güemes fue la organización de un verdadero ejército popular dividido en las denominadas “partidas” formadas por no más de veinte hombres.

Paralelamente, San Martín triunfaba en Chacabuco y provocaba la retirada del ejercito español, ante la imposibilidad de seguir avanzando por Salta. Se tenía la posibilidad de aniquilarlos si San Martín pasaba coordinadamente al Perú y los salteños de Guemes con el ejercito de Belgrano atacaban por el norte. Esto no ocurrió gracias al egoísmo político porteño que ordenó a Belgrano retirarse con su ejército para ocuparse de un “peligroso enemigo” de Buenos Aires, hablamos de Artigas y su modelo político que proponía federalismo y reparto de tierras en la Banda Oriental.

Es en este momento cuando el director le ordena a San Martín abandonar su campaña libertadora para retornar a Buenos Aires con su ejército y reprimir a los federales. San Martín desobedeció esa orden y les explicó que nunca desenvainaría su espada contra un compatriota. Precisamente ayer recordamos el bombardeo a Plaza de Mayo por parte de militares que se proclamaban falazmente sanmartinianos.

Así llegamos a 1820, el año de desintegración. Las fuerzas directoriales y los caudillos del Litoral se enfrentaron en Cepeda. Las autoridades nacionales son derrotadas y comienza una larga guerra civil. En este turbulento contexto histórico se produce una nueva invasión española al mando del general Canterac. Ocupan Jujuy y logran tomar la ciudad de Salta. Desde Chile, San Martín le pide a Guemes que resista y le ratifica su absoluta confianza, nombrándolo Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú. El resultado fue otro ejercito español humillado y derrotado por nuestros gauchos “infernales” que terminó retirándose hacia al Norte .

En resumen, sin el valioso aporte del caudillo salteño, no hubiese existido declaración de la independencia, San Martín no hubiese podido llegar más allá de Santiago de Chile y nuestro territorio nacional seguramente hubiera llegado más allá del norte de la ciudad de Córdoba.

En un nuevo aniversario de su muerte, vaya nuestro reconocimiento a Güemes y sus valientes gauchos infernales, quienes dejaron un legado ejemplar de amor por la Patria que en estos días se vuelve imprescindible recordar.