Informe: El desembarco de Farmacity en la Paternal y el descontento generalizado del barrio

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Es grande el enojo entre los vecinos del barrio de la Paternal y mucho más aún entre los comerciantes de la avenida San Martín. Es que dentro de muy poco, habrá en un local donde se podrá encontrar golosinas, alimentos, libros, discos, pilas y muchos productos más junto a la venta de medicamentos.
Pero todo esto tiene su historia. La venta indiscriminadas de productos en los locales del sector habían quedado prohibida en 2014 cuando entró en vigencia una resolución del Ministerio de Salud de la Nación, durante la presidencia de Cristina Fernandez de Kirchner. En esta resolución se fijaba un orden a la actividad comercial en los lugares de expendio de medicamentos.
Pero como muchos recordaran, en forma inmediata, el jefe de gobierno de aquel entonces en la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, emitió el decreto número 98, que se complementaba con el 41 emitido en el mes de enero de ese año. Estos expresaban que el gobierno local asumía la responsabilidad en la habilitación y fiscalización de los locales del rubro farmacéutico. De esta manera el gobierno Nacional perdía su competencia en el área devolviendo a las farmacias la posibilidad de vender productos en general.
En aquel entonces los ministerios de Salud de la Ciudad y de la Nación explicaban que las normativas emitidas por el gobierno nacional se aplicaban en forma directa en la ciudad de Buenos Aires, mientras la jurisdicción no tenía formalmente asumida su responsabilidad en la materia. Pero con los decretos de Mauricio Macri, como jefe de Gobierno, había logrado que el mismo gobierno porteño sea el encargado de habilitar y controlar los locales, y de fijar qué actividad podían desarrollar.
Es la cadena Farmacity la que se encuentra en el centro de esta historia. Una cadena llena de protección por parte del estado porteño que deja en desventaja a todos los comerciantes vecinos. No sólo cuenta con el poder de capitales, sino que cuenta con el absoluto poder político como para hacer y deshacer legilsaciones que lo favorezcan. Esto es muy simple de demostrar.
En marzo del 2014 cuando el jefe de Gabinete del gobierno de la Ciudad era Horacio Rodríguez Larreta (actual Jefe de Gobierno), mantenía un vínculo personal con Mario Quintana, el CEO de la cadena Farmacity, que a su vez forma parte del Grupo Pegasus, también dueño de las marcas Freddo y Musimundo, que estaban bajo el mando de Nicolás Caputo, quien era compañero de Macri en el colegio Cardenal Newman.
Es de público conocimiento que Nicolás Caputo tiene mucha incidencia en los grandes proyectos vinculados con la construcción por medio de la firma IRSA.  Estos son el megaemprendimiento inmobiliario Solares de Santamaría, en la ex Ciudad Deportiva de Boca Juniors (al lado de la Reserva Ecológica), un shopping en Caballito resistido por sus vecinos y la edificación del Shopping Dot Baires, que los vecinos de Saavedra han criticado por dañar la infraestructura de los servicios del barrio.
Farmacity, Caputo y Larreta quedan finalmente vinculados por el desempeño de una tercera persona. Augusto Rodriguez Larreta, hermano Horacio, fue durante más de diez años el gerente de Relaciones Institucionales del Grupo IRSA y quien se convirtio en uno de los lobbistas más importantes de la firma.
En todo este círculo cerrado de relaciones, no debemos olvidar  de mencionar a Miguel de Godoy, quien se desempeñó como secretario de Medios del Gobierno de la Ciudad y es el dueño de la agencia MDG Comunicación e Imagen. Empresa que se dedica a ofrece servicios de relaciones públicas, prensa e imagen a empresas privadas tales como Farmacity, Pegasus y Capemvel.
La relación de poder es inversamente proporcional. Por un lado Farmacity cuenta con el apoyo económico de capitales y las relación personales directas con el Jefe de Gobierno de la Ciudad y el actual presidente de la Nación. Al punto de bloquear resoluciones para favorecerla, con el suficiente poder de fuego para poder recurrir a la Justicia para mitigar contra gobernaciones como las de Buenos Aires y Santa Fe, o llevarse por delante a la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA) y la Federación Farmacéutica (Fefara), entre otras entidades, que se oponen al negociado de Farmacity.
La pregunta es muy sencilla, ¿qué le espera a los pequeños comerciantes del barrio? Muchos locales linderos que viven de su facturación diaria o las diversas farmacias barriales que tienen estrechas relaciones con los vecinos van a quedar libradas al azar de la economía de mercado que propone la Alianza Cambiemos.
El más fuerte se como al más debil porque así lo deciden aquellos que desarticulan la intervención del Estado, que en definitiva es una de sus principales razones de exisitr, la defensa de los más débiles.
O.P

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