Inteligentes negociaciones posicionaron mejor a Irán con el resto del mundo occidental.

Iraníes con sus símbolos en la tribuna de un estadio de fútbol.

Por Emilio Marín. El país persa mejora su situación política internacional. Irán está mejor con el mundo, pero algunos extremistas lo detestan. El país persa firmó en julio un acuerdo con seis potencias, asegurando el carácter pacífico de su programa nuclear. A fines de enero se tienen que levantar las sanciones. Sin embargo hay extremistas que lo demonizan, entre ellos Mauricio Macri.

Hace unos meses los cancilleres de EE UU, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania, más el de Irán, firmaron el “Plan Integral de Acción Conjunta”.

La segunda mitad del año 2015 fue satisfactoria para Irán, por el mejoramiento de sus relaciones con el grueso del mundo. El 2016 pinta en el mismo sentido, con la excepción del conflicto -que venía de antes- con la reaccionaria monarquía saudita, que el 2 de enero ejecutó al clérigo chiíta, Nimr Baqer al-Nimr.
Ese crimen motivó protestas en Irán. Una descontrolada manifestación atacó al consulado saudita en Mashad y la embajada en Teherán. El presidente iraní deploró esos ataques y su policía detuvo a 50 manifestantes. Luego se dio de baja al vicegobernador de Teherán, Safar Ali Baratlu, por incompetencia en enfrentar esa turba, pero la dinastía al Saud aprovechó para romper relaciones diplomáticas y otro tanto hizo un socio menor suyo, Qatar.

Unos días más tarde, la fuerza área saudita -con aviones y armamentos comprados a Estados Unidos y el Reino Unido- prosiguió sus bombardeos contra la capital de Yemen, iniciados en marzo de 2015 para tratar de reponer en el cargo a un aliado corrido por corrupción, Abdu Rabu Mansur Hadi. Y en el marco de esos bombardeos sauditas, donde se estima han muerto unos 32.000 civiles, fue atacada la embajada de Irán en Saná, capital yemenita. Los de Riad ni siquiera elevaron una leve disculpa, lo que recalentó el conflicto entre los dos “pesos pesado” de la región: Irán y Arabia Saudita.
Desde el punto de vista persa, tales ataques así como el martirio del sheij Al Nimr comprueban que los sauditas siguen haciendo favores a los terroristas de “Estado Islámico”. En vez de atacar a este grupo criminal pega contra Irán y Yemen, continúa combatiendo contra el gobierno sirio de Bashar al Assad y mantiene complicidades con Israel.
Este conflicto con la potencia petrolera regional y mundial, y principal aliado árabe de EE UU en la zona, no es subestimado en Teherán. Tampoco le oscurece que, visto en términos generales, los acontecimientos internacionales vienen siendo muy favorables para la República Islámica de Irán.

Caen las mentiras de los fanáticos

El 14 de julio pasado la capital de Austria, Viena, fue testigo de un acontecimiento extraordinario. Los cancilleres de EE UU, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania, junto con el de Irán, ponían las firmas al “Plan Integral de Acción Conjunta”, un acuerdo destinado a comprobar que el programa nuclear del último nombrado sólo tiene fines pacíficos y a levantar las sanciones en su contra.
Tal condición, no bélica, era lo que el país hoy presidido por Hassan Rohani venía asegurando desde décadas atrás, frente a las acusaciones infundadas de Washington y la Unión Europea, fogoneadas por el sionismo, que sí tiene al menos dos centenares de colmillos atómicos.
El canciller Mohamad Yavad Zarif y sus colegas, entre ellos John Kerry, suscribieron el convenio. Teherán hacía varias concesiones, como abrir sus plantas nucleares a las inspecciones de técnicos de la AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica), enviar a Rusia el uranio enriquecido por encima de determinada proporción y readecuar un reactor. A cambio podría seguir sus actividades nucleares sin las doce sanciones que en su contra se habían pergeñado en la AEIA en los últimos años, siempre bajo inspiración de la Casa Blanca e Israel. Fondos millonarios iraníes que habían sido congelados en el extranjero, como parte de las medidas punitivas, volverían a sus legítimos dueños.

Desde ese 14 de julio hasta el 14 de diciembre de 2015, la AIEA monitoreó todo el plan atómico iraní, para descartar que tuviera algún componente militar. El 2 de diciembre el director de la entidad, el japonés Yukiya Amano, declaró que todo estaba bien. El 14 de ese mes la Junta de Gobernadores confirmó que no había metas bélicas entremezcladas con el programa científico y tecnológico. Y así quedó despejada la incógnita a nivel de AIEA, que entregó sus conclusiones a los países antes citado (Grupo de 5 más Alemania).
Ahora se está al aguardo de que, si el diablo no mete la cola, los gobiernos mencionados ratifiquen el informe y pongan en plena ejecución lo acordado en Viena. Esto es, que Irán cumpla con sus compromisos, lo que es de prever, y que la Casa Blanca y sus socios europeos levanten todas las sanciones, que no será fácil de lograr.

Una de las administraciones que pegó el volantazo en la buena senda de la diplomacia con el país persa fue la de Cristina Fernández de Kirchner, que firmó en enero de aquel año un Memorando de Entendimiento.

Es que en el imperio hay un sector recalcitrante, en el partido republicano, que sigue demonizando a Irán y que ya le pidió a Barack Obama que no elimine las sanciones contra determinadas figuras del gobierno persa y ciertas empresas. Fueron 36 de los 54 republicanos de la Cámara Alta del Congreso, encabezados por la senadora Kelly Ayotte, miembro del Comité de Servicios Armados, fuertemente imbricados con el lobby sionista de AIPAC y el estado de Israel. Su pretexto fue una prueba misilística de Teherán en octubre pasado. Están mezclando peras con manzanas. Una cosa es el programa nuclear iraní, que es pacífico, y otra cosa su derecho a defenderse y en consecuencia disponer de aviones, misiles, tanques y otras armas.
Lo que esa minoría extremista siente es no haber podido prolongar el bloqueo contra Irán. En particular les duele que -con el apoyo iraní- el gobierno sirio siga resistiendo los embates norteamericanos, sauditas y del terrorismo de “Estado Islámico”.

Los que van a contramano del mundo

Desde 2012-2013 se venían dando esas negociaciones reservadas entre Irán y otros gobiernos, incluido el norteamericano. Una de las administraciones que pegó el volantazo en la buena senda de la diplomacia con el país persa fue la de Cristina Fernández de Kirchner, que firmó en enero de aquel año un Memorando de Entendimiento. Se quería formar una comisión de juristas internacionales expertos y que la justicia argentina tomara declaración a cinco iraníes sospechados, mal sospechados, de tener que ver con el atentado a la AMIA.
Otros vientos, más amigables, empezaban a soplar entre Teherán y otros países del mundo. Esa situación favorable todavía perdura, por el acuerdo de Viena pero también por otras relaciones que se vienen tejiendo, no meramente diplomáticas pues involucran comercio de mutuo beneficio.
El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, declaró que está listo para reanudar las relaciones bilaterales. Japón designó a su embajador en Teherán y pronto viajará el canciller Fumio Kishida. Irán construirá a medias con España una refinería de petróleo, como parte de sus esfuerzos por asegurar la venta de sus hidrocarburos, luego de sus proyectos de refinerías en Brasil, China e India.

Frente a ese avance se alza la derecha recalcitrante estadounidense, el estado de Israel y -en comparación con ambos- un pigmeo como Mauricio Macri.

Una importante delegación de Dinamarca estuvo en Irán, con empresas importantes como Maersk, interesada en los proyectos en alta mar de la industria petrolera local.
Se sabe que los vínculos políticos y económicos de los persas con rusos y chinos van viento en popa; Moscú y Beijing fueron sus aliados en la larga pulseada con Washington en la AIEA.
Irán es solidario con Siria, con ayuda militar pero también con médicos, ambulancias y equipos de salud para restañar las heridas que provoca la intervención yanqui, saudita, turca y de los terroristas de “EI” o Daesh. El ministro de Salud de Irán, Hasan Qazizade Hashemi, visitó Damasco para mejorar esa ayuda sanitaria.
Es verdad que los persas no descuidan su defensa y que en octubre pasado probaron un misil de larga distancia. Y eso, más otras cosas han consolidado su seguridad e impresionado a sus enemigos, como lo admitió el nuevo jefe del Mossad israelí, Yossi Cohen, al asumir el cargo.
Lo militar no lo es todo ni es lo principal. El país persa, con una vasta cultura y civilización que compite con la china en torno a cuál de ellas fue la primera en 5.000 años, sigue su ruta científica. En enero de 20134 el cohete “Pishgam” puso a un mono en el espacio y dijeron que entre cinco y ocho años harían lo propio con un hombre. Tembló la NASA…
El 6 de enero se confirmó que Irán ocupa el séptimo lugar mundial en nanotecnología, con 6.160 artículos relacionados con la nanotecnología en 2015, según el ranking mundial Statnano. Logró el cuarto lugar en términos de producción científica entre los primeros 20 países del mundo en 2014, según el jefe del Centro de Citaciones Científicas del Mundo Islámico, Mohamad Yavad Dehqani, citado por la web IRIB.

Frente a ese avance se alza la derecha recalcitrante estadounidense, el estado de Israel y -en comparación con ambos- un pigmeo como Mauricio Macri.
Como parte de su búsqueda de congraciarse con aquellos energúmenos mundiales, el flamante presidente argentino desistió de apelar ante la Cámara de Casación Penal. Así quedó ratificado el fallo de mayo de 2014 de la Cámara Federal (Farah y Ballestero) de que el Memorando con Irán es “inconstitucional”.
El ministro de Justicia, Germán Garavano, confirmó el 22 de diciembre que “por orden del presidente Mauricio Macri se hizo caer el Memorándum”. La política que subyace es contaminar la relación con Teherán pero también estudiar la posibilidad de volver a acusar a Cristina Fernández de Kirchner de “traición a la Patria”, tal como irresponsable y falsamente lo planteó el suicida Alberto Nisman en contubernio con la SIDE, el Mossad y posiblemente la CIA.

Fuente ContraInfo