Hay gente que no cambia nunca, como los radicales. O para ser más precisos, como los gorilas.

Simplemente hay que esperar a que les toque ser gobierno, para que se muestren tal cual son.

Cuando son oposición, te corren con la república, las instituciones y el respeto por las formas.

Pero cuando gobiernan no pasa mucho para que -además de demostrar en la práctica que todo eso les chupa verdaderamente un huevo- se les salga la cadena, y revelen el verdadero motivo por el cual están siempre en la vereda de enfrente a la nuestra.

No es porque somos patoteros, autoritarios o corruptos, o sea no es por las cosas que presuntamente hacemos mal.

Es por las que hacemos bien, como darle derechos y bienestar a las clases populares: el famoso “acá el problema con Perón fue que soliviantó a la negrada haciéndole creer que eran gente”.

El problema no es (nunca lo fue) el Indec, el Consejo de la Magistratura, los DNU o la corrupción: el problema -drama terrible del medio pelo si los hay- es tener que poner en blanco a la mucama (“la chica que me ayuda en casa”), pagarle a los empleados los aumentos en paritarias, que los negros se puedan comprar un auto, o que te los crucés en algún lugar de veraneo que antes era exclusivo de la clase media. 

¿Dónde se ha visto tamaña insolencia, como se pudo permitir llegar a esos extremos?

Están ahora como en el 45′: se quedaron en la Unión Democrática, y nunca supieron ni quisieron regresar. 

Cuando gobernamos nosotros te pegan diciendo que somos un desastre “porque dejamos pasar oportunidades inmejorables para que el país despegue”.

Lo decían con Perón, lo repitieron con Néstor y con Cristina: siempre el mismo libreto, pese al paso de los años.

Cuando agarran la manija ellos, resulta que “hay que ponerle fin a la fiesta”, el país era una joda loca que no se podía sostener, y la gente se tiene que hacer a la idea de que “hay que ajustarse el cinturón”.

Claro que los que nos lo tenemos que ajustar somos siempre los mismos, y los que le agregan agujeros, también.

¿Qué diferencia hay entre esto y el famoso “hay que pasar el invierno” de Alsogaray, o esto otro, de “no estabas autorizado a salir a comer afuera una vez por semana”?

Ninguna, como ninguna diferencia hay entre los conservadores que no se asumen como derechosos, y los “progresistas” como ésta señora, que no tuvo problemas en compartir lista con Reutemann, con tal de ir en contra del peronismo.

Fuente NestorNautas