“Muchas veces se confunde igualdad económica con salir de la pobreza o tener derechos. Y en realidad las sociedades igualitarias que ha habido han sido 2 en la historia de la humanidad. Una fueron las anteriores a la vida civilizada, las sociedades de cazadores y recolectores que eran nómades, y en general los miembros de la sociedad no tenían diferencias económicas, se repartían los animales que cazaban. Las únicas diferencias en algunas eran entre hombre y mujeres, pero nadie se quedaba con un pedazo más grande del antílope que cazaban”, recordó.

“Las otras sociedades fueron los países comunistas que existieron entre 1917 y 1989, que tuvieron el ideal igualitario, en las que la mayoría de la población, si no la totalidad, no tuvieron grandes diferencias económicas. Como eso fue un fracaso económico desde el comienzo, Lenin mismo trató de que el igualitarismo cediera lugar a que hubiera algunas diferencias, porque sino, no se podía hacer ninguna producción. Se hicieron dos o 3 estamentos, lo más igualitarios posibles, pero muy diferenciados, porque la inmensa mayoría -el 95%- vivía con lo necesario para la vida cotidiana. Y había un pequeño núcleo de los científicos, astronautas, deportistas, que ganaban mucho mejor, y después estaban los grandes dirigentes del partido, que eran una hiperelite, que tenían algunas ventajas, aunque nada comparado con lo que era occidente”, indicó.

“Lo cierto es que cuando pudieron saltar el Muro de Berlín, y romper esa cadena, la gente huyó despavorida a supermercados del lado occidental a consumir. No sé si es bueno, pero los seres humanos cuando no nos dejan consumir, nos ponemos nerviosos, no nos gusta y cuando podemos consumir, vamos y consumimos”, destacó.

Para el pensador hoy una de las herramientas más importantes para mitigar las desigualdades en el seno de una sociedad es el acceso a una educación pública, gratuita y universal de calidad, como la que tuvo nuestro país entre 1880 y 1980.

“Es caro, difícil de mantener, y exige mucho compromiso de toda la sociedad y del Estado. A partir de los ´60, de la lucha entre laica y libre, fue disminuyendo el dinero que la sociedad estaba dispuesta a dar para la educación pública, y de a poco fue cayendo. Destruirla es fácil pero levantarla es algo tremendamente difícil, exige energía, presupuesto y una grandeza de espíritu que los políticos argentinos no tiene, y la sociedad no se los exige”, sostuvo.

En Radio Del Plata, recordó que fue entre los ´70 y los 2000 en que se dio un ataque frontal contra la educación pública de calidad, y que apuntó a su destrucción.

Respecto a los últimos 15 años, destacó un “intento con más buenas intenciones y dinero que inteligencia y debate público para transformar la situación”.

“Existen ciertas formas de apoyar igualdad de oportunidades ofreciendo créditos blandos, dando becas a los hijos de los más pobres. Pero eliminar las diferencias económicas y sociales en una sociedad, hasta ahora ha tenido mas consecuencias negativas que positivas”, finalizó dejando abierto el debate acerca de la eventualidad real o no de alcanzar alguna vez una sociedad lo más equitativa posible.

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Jueves 25 de febrero de 2016

Fuente Gustavo Sylvestre