“Somos animales pero nuestra interacción con el mundo no es a través de nuestras necesidades objetivas sino a través de lo que pensamos del mundo, nuestras creencias determinan nuestra forma de sentirnos y actuar en el mundo”, dijo Molina y puso el foco de atención en los abruptos cambios que tuvo el rol de la mujer en la sociedad, y la misma visión que se tenían de ellas.

“Durante milenios las mujeres se las educó menos que al hombre, se las consideró que no eran seres plenamente racionales por eso tenían que estar siempre bajo la tutela masculina. Hace poco más de 100 años, las mujeres no tenían derecho al voto en el mundo, y en todos los manuales donde se permitía educarlas se les enseñaban que ellas seres propensos a la histeria y por tanto debían tener un hombre a su lado que las proteja, y que les dé una guía racional, Y que las únicas tareas para las que estaban capacitadas era educar a los niños, y limpiar el hogar”, recordó.

Molina subrayó el primer esbozo de cambio en este regla social, impulsada a la fuerza por las necesidades de una guerra que comprometió a buena parte de Europa.

“En la Primera Guerra Mundial fue tal la cantidad de hombres que fueron a la guerra, que las mujeres quedaron prácticamente a cargo de las incipientes fábricas, empezaron a controlar las escuelas, y a limpiar las ciudades. Esto les dio un papel importante y se empezó a admitir que la mujer pasara a ser educada”, explicó.

“Esto llevó mucho tiempo, porque por ejemplo en la Escuela de Negocios de Harvard recién en 1965 admitió mujeres, la de Hale en 1971 y la de Princeton fue en 1974”, acotó Molina.

Además remarcó como hitos el Premio en Física y Química logrado por Madame Curie (Maria Salomea Skłodowska-Curie) en 1903 y 1911, científica que no tenía el reconocimiento de la Academia de Ciencias de Francia, entidad que admitió por primera vez como miembro a una mujer en 1970.

“Las creencias una vez surgen, y alguna vez serán cuestionadas y cambiarán. Por eso soy partidario de la humildad metodológica acerca de cómo intervenimos en el mundo. Por no hay cosas que no cambian nunca”, finalizó

Jueves 31 de marzo de 2016

Fuente Gustavo Sylvestre