El pasado 30 de agosto de 2016, la ANMaC -ex RENAR- realizó una inspección en la sede del supermercado COTO ubicada en la calle Paysandú al 1800, en el barrio porteño de Paternal. Según informó el portal El Destape, la inspección dio como resultado que el empresario Alfredo Coto tenía dentro de su empresa “227 granadas, ubicadas dentro de tachos, 41 proyectiles de gases lacrimógenos, 27 armas de fuego, 2 de lanzamiento, 3886 municiones, 14 chalecos antibala, 22 cascos tácticos sin numeración, 9 escudos antitumulto, un gas pimienta y hasta un silenciador de armas.”

A su vez, se encontraron “un revolver sin declarar ante ANMaC y tres armas de fuego registradas a nombre de otros usuarios”. También se halló “un revolver inscripto a nombre de Alfredo Coto con su número de serie adulterado y ocho escopetas que tenían pedido de captura desde el año 2003″. Asimismo, se informó que se encontraron “dos lanzagases con sus números de serie erradicados y hasta una ametralladora con un silenciador, registrada a nombre de Germán Alfredo Coto con el sistema disparador modificado y seleccionado en modo automático” y que “otras 25 armas que debían encontrarse en esa sede por ser el domicilio de guarda, no fueron ubicadas en el lugar”.

Los inspectores no decomisaron el material encontrado ni procedieron a abrir la investigación correspondiente por indicación de los directores del organismo, quienes ordenaron “dejar todo como está, ya que ellos se harían cargo”. El panorama se agrava aún más si se tiene en cuenta que buena parte importante del armamento pertenecía originalmente a las fuerzas de seguridad. Según figura en la denuncia, las granadas tenían el sello de la Policía Federal y los gases lacrimógenos ingresaron al país a nombre de la Prefectura. No obstante, en ninguno de los dos registros consta que dichos elementos hayan sido entregados a la cadena de comercialización propiedad del amigo del Presidente Mauricio Macri.

Según pudo constatar LatePaternal en diálogo con los vecinos, la existencia de este arsenal en la central administrativa de COTO era un secreto a voces en el barrio. Varios de ellos recordaron cómo, durante la crisis del 2001, en plena época de saqueos a los supermercados, empleados de la empresa colocaban autos de culata sobre la vereda y llevaban los baúles llenos de armas largas y municiones. La sospecha generalizada gira en torno a la posibilidad de que dicho armamento fuera utilizado en caso de que se produjeran nuevos saqueos en diciembre del año pasado.