La historia del camino del capitalismo hacia el fascismo social

Eulogio González Hernández
Rebelión
Pretendo en este texto mostrar que lo que está ocurriendo, no son hechos individuales que por incapacidad lo que nos ha llevado a esta crisis, sino un proceso iniciado en un primer informe de la Comisión Trilateral su objetivo instaurar el Fascismo Social del que nos habla Boaventura de Sousa.

Y contra un proyecto global trabajar contra los hechos aislados, conduce a la derrota. Si convenzo con este escrito creo que procede a cambiar. Diseñar un proceso global de lucha, porque solo así conseguiríamos nuestros objetivos.

El filósofo portugués Boaventura de Sousa Santos ha teorizado el concepto de fascismo social como riesgo derivado de las democracias post-modernas. Dice el científico social portugués:

Con ello no está hablando de un regreso al fascismo de los años 30 y 40 del siglo pasado. A diferencia del anterior, el fascismo actual no es un régimen político. Es más bien un régimen social y civilizaciones. En ligar de sacrificar la democracia a las exigencias del capitalismo, trivializa la democracia hasta el punto que ya resulta innecesario, ni siquiera conveniente, sacrificar la democracia a fin de promocionar el capitalismo. Se trata de un tipo de fascismo pluralista producido por la sociedad en lugar del Estado. El Estado es aquí un testigo complaciente, cuando no un culpable activo. Estamos entrando en un período en el que los Estados democráticos coexisten con las sociedades fascistas. Es por tato un fascismo que nunca había existido.

Distingue cuatro clases principales de fascismo social.

La primera es el fascismo del apartheid social. Desigualdad.

La segunda. El fascismo contractual se da en las situaciones en las que la discrepancia de poder entre las partes en el contrato civil es tal que la parte más débil, presentada como más vulnerable por no tener ninguna alternativa, acepta las condiciones impuestas por la parte más fuerte, por muy costosas y despóticas que sean. El proyecto neoliberal de convertir el contrato de trabajo en un contrato de derecho civil como cualquier otro presagia una situación de fascismo contractual.

La tercera clase de fascismo social es el fascismo de la inseguridad. Consiste en la manipulación discrecional del sentido de la inseguridad de las personas y grupos sociales vulnerables debido a la precariedad del trabajo o a causa de accidentes o eventos desestabilizadores.

La cuarta clase del fascismo social es el fascismo financiero. Es el tipo de fascismo que controla los mercados financieros y su economía de casino. Es la más pluralista los flujos de capital son el resultado de las decisiones de inversores individuales o institucionales esparcidos por todo el mundo y que no tienen nada en común salvo el deseo de maximizar sus activos. Ees también la clase de fascismo más cruel, puesto que su espacio es el más adverso a cualquier clase de intervención y deliberación democrática.

Y todo esto lleva años desarrollándose en un proceso continuo y sistemático camino de ser conseguido.

En 1975, Crozier, Huntington y Watanuki presentaron a la Comisión Trilateral un informe sobre “la gobernabilidad de las democracias” que produjo no poca polémica. En este informe sobre la Crisis de Democracia, los autores sugerían que el mundo industrializado estaba experimentando un “exceso de democracia” y que los intereses corporativos estaban amenazados por poblaciones activistas, crecientemente militantes y políticamente conscientes que buscaban reducir el poder de las corporaciones mientras demandaban más poder y oportunidades para grupos y poblaciones. El informe identificaba que la causa de la “crisis de democracia” era «una sociedad altamente educada, movilizada y participativa», y, por tanto, la solución al “exceso de democracia” consistía en que creciera la «apatía y no implicación por parte de algunos individuos y grupos».

Margaret Thatcher, Thatcher ocupó el cargo de primer ministro del Reino Unido el 4 de mayo de 1979. Thatcher estaba decidida a reducir el poder de los sindicatos ya que acusaba a sus líderes de debilitar la democracia parlamentaria y el desarrollo económico mediante las huelgas y protestas. Thatcher «logró destruir el poder de los sindicatos por casi una generación».

Las ideas de la Nueva Derecha dominaron el pensamiento de los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña durante los años ochenta del siglo XX. La aplicación concreta de estas ideas se llegó a conocer con el nombre de “reaganismo” y “thatcherismo”. Ambos se inspiraban en teóricos parecidos, como Hayek o Milton Friedman, aunque diferían en los detalles debido a sus respectivas circunstancias políticas locales. El neoliberalismo y la postura de desregulación de la economía del thatcherismo se acompañaron de una política de control, a la que suele referirse como a la componente autoritaria de esta ideología. Andrew Gamble lo resumió muy acertadamente con el lema “mercado libre y Estado fuerte

Ronald Wilson Reagan fue el cuadragésimo presidente de los Estados Unidos (1981-1989). Reagan se retrataba a sí mismo como un defensor del liberalismo económico, a favor de fuertes recortes fiscales, y la reducción del estado protector. Reagan logró impulsar recortes fiscales por el congreso en 1981. Al mismo tiempo, la administración redujo los gastos sociales.

Wisse Dekker, responsable de Philips, declaró en 1983: “Si esperamos a que nuestros gobiernos hagan algo tendremos que esperar demasiado. No se puede dejar todo en manos de políticos. La industria debe tomar la iniciativa”.

La Titulización es un instrumento de reciente creación: en los años 80 del pasado siglo en EEUU y los 90 en Europa. No obstante, en ambos casos su gran desarrollo se ha producido en los últimos quince años.

La Titulización de Activos ha sido el epítome de la crisis financiera, hay evidencia de que en EEUU los originadores establecieron estrategias de concesión de crédito subprime, como consecuencia de la demanda específica de hipotecas de alto riesgo.

La Titulización es un instrumento de dispersión de riesgo, pero utilizada por la banca de inversión en formatos, que acabó facilitando la concentración de riesgo en un relativamente reducido número de entidades financieras e inversores institucionales.

En definitiva, prácticas que ponen a prueba el conflicto de intereses entre las posiciones propias de la banca de inversión y la clientela, rayanas en la estafa.

1985 informe ERT, principal lobby de la C.E. en el que aboga por eliminar aranceles y armonizar regulaciones.

1986 se aprueba el acta de la Unión Europea.

1991 el documento Remodelar Europa propone la moneda única y un calendario para a Pocos meses después: el Tratado de Maastricht propone prácticamente lo mismo. El calendario definitivo se deberá concretar en una Cumbre en Madrid, en 1995 adoptarla.

1995, carta a los jefes de Estado: “Cuando os reunáis en Madrid, por favor, decidid de una vez por todas que la Unión Monetaria comenzará el día que se acordó en Maastrich.”

1995, declaraciones a la salida de la Cumbre de Madrid, en respuesta a la carta de la ERT: “Así lo haremos”.

Milton Friedman escribía esto. “El euro ha sido una creación motivada por la política, no por la economía.: “Pienso que el euro creará tensiones políticas, convirtiendo unos desequilibrios económicos que se podrían resolver acomodando el tipo de cambio en cuestiones políticas que dividirán a los países”.

Y ahora en proceso los acuerdos de comercios trasnacionales, que acabaran rematando la situación.

El CETA, Tratado con Canadá, firmado el 26-9-14. Ahora el Parlamento Europeo y los parlamento de los 28 países miembros de la Unión Europea y Canadá tienen que ratificar CETA.

El TTIP, que están negociando entre Estados Unidos y la UE.

El TISA, acuerdo sobre comercio e inversión de servicios. Lo están negociando en Ginebra, Suiza, 50 estados, entre los que se encuentran los 28 de la UE y que pretende privatizar los servicios públicos y hacerlos irreversibles.

Su principal finalidad es, como ellos mismos han reconocido, eliminar las “barreras” reguladoras que limitan los beneficios potenciales de las corporaciones transnacionales a los dos lados del atlántico.

Estas “barreras” son algunas de nuestras normativas más preciadas. Derechos sociales. Medio ambiente. Los derechos laborales. Normas de seguridad alimentaria. Regulaciones sobre el uso de substancias químicas tóxicas. Leyes de protección de la privacidad en internet. Todo lo que estorbe para aumentar la capacidad de negocio de las empresas.

Se pretende abrir el sector de los servicios públicos y la contratación pública a las empresas transnacionales, lo que amenaza con provocar nuevas olas de privatizaciones en sectores clave como la sanidad o la educación.

Como se estos negociando este tratados. OPACO. Negociándose en secreto.

El jefe del equipo negociador de la UE, Ignacio García Bercero, aseguraba en una carta a su homólogo estadounidense que la Comisión Europea bloquearía el acceso público a todos los documentos relacionados con las negociaciones o el desarrollo del TTIP y que no serían accesibles para el público durante los próximos 30 años.

El comisario de Comercio de la Unión Europea, Karel de Gucht, explicó al Parlamento Europeo que la Comisión abordaría el TTIP con el mismo nivel de secretismo con el que pactó acuerdos comerciales previos e instó a los miembros del Parlamento a respaldar la “confidencialidad” en las negociaciones.

Y cuando sean aprobados estos tratados adiós a la democracia. En ellos hay mecanismos de sustitución de una justicia de jueces, por tribunales privados poniendo a la misma altura a los gobiernos y las multinacionales.

Ejemplos hay. Países que han firmado este tipo acuerdos con estos tribunales.

La multinacional estadounidense Phillip-Morris ha demandado a Uruguay por 2.000 millones de dólares por haber puesto alertas sanitarias en las cajetillas de tabaco.

Otra multinacional como Vattenfall ha demandado a Alemania por 3.700 millones de dólares por haber apagado sus centrales nucleares.

Otra como Lone Pina ha demandado a Canadá por 250 millones de dólares canadienses por la moratoria de fracking que aprobó el Gobierno de Quebec.

Ecuador fue sentenciado a pagar 2.300 millones de dólares a la petrolera Occidental Petroleum por abandonar la construcción de un pozo de petróleo en el Amazonas.

Libia tuvo que pagar 900 millones de dólares de ”beneficios perdidos” por un proyecto turístico en el que sólo se habían invertido 5 millones de dólares.

El pensador francés Alain de Benoist acaba de publicar el libro Le Traité Transatlantique et autres marcarán el rumbo del siglo XXI, que él denomina como la “gran marcha transatlántica”, una amenaza neoliberal de la que depende buena parte del devenir de Europa. En él, De Benoist considera que estamos ante unos acuerdos que incrementan los privilegios de las corporaciones.

El tratado no permitiría a los gobiernos nacionales aprobar leyes para la regulación de sectores económicos estratégicos como la banca, los seguros, los servicios postales o las telecomunicaciones, medioambientales, transgénicos, laborales, sociolaboral, alimenticios, sanidad. etc.

El multimillonario Warren Buffet define como una “guerra de clases” en la que «mi clase, la de los ricos, es la que hace la guerra, y la estamos ganando»

Un ex oficial del Departamento del Tesoro, Roger Altman, escribió en Financial Times en 2011 que los mercados financieros se habían convertido en «un supra-gobierno global» que tiene el poder para «echar a gobiernos refractarios… forzar la austeridad, salvar bancos y otros grandes cambios de políticas» y que, aparte de las armas nucleares, «se han convertido en la fuerza más poderosa de la tierra»

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=208187

Fuente ContraInfo