El pasado sábado recordamos los fusilamientos de José León Suarez, que se convirtieron en un símbolo de la resistencia peronista. Los recordatorios de los fusilamientos del día 9 corresponden a civiles, pero poco se sabe o casi nada se recuerda de los militares fusilados por sus compañeros de armas dos días después, traicionando la Constitución Nacional al llevar a cabo un sangriento golpe de Estado.

Entre los muchos crímenes cometidos por la autodenominada “Revolución Libertadora” -que sólo liberó al pequeño grupo oligárquico de la mayoría que votó un gobierno constitucional-  se encuentra el de los oficiales y suboficiales del Ejército Argentino, que fueron fusilados por la aplicación retroactiva de un decreto ley emitido con posterioridad al levantamiento, cuando los jueces militares ya habían establecido, en algunos casos, penas de prisión.

La consecuencia del levantamiento del 9 de junio del general Juan José Valle contra los usurpadores del gobierno nacional fue la implantar la ley marcial que permitía fusilar en el acto a todo aquel que sea considerado “perturbador de la tranquilidad.”

Es así que el 11 de junio ocurrió otra jornada sangrienta en nuestro país. En Campo de Mayo fueron asesinados los coroneles Eduardo Alcibíades Cortines y Ricardo Salomón Ibazeta, los capitanes Néstor Dardo Cano y Eloy Luis Caro, y los tenientes primeros Jorge Leopoldo Noriega y Néstor Marcelo Videla.

Mientras que en la Escuela de Mecánica del Ejército, fueron muertos los suboficiales principales Ernesto Gareca y Miguél Angel Paolini, el cabo músico José Miguel Rodriguez y el sargento Hugo Eladio Quiroga.

El mismo día, en las instalaciones de la Penintenciaría Nacional cayeron bajo el fuego de los pelotones de fusilamiento el sargento ayudante Isauro Costa, el sargento carpintero Luis Pugnetti y el sargento músico Luciano Isaías Rojas.

Miguel Ángel Maurino fue ametrallado en el Automóvil Club Argentino, pero terminó falleciendo en el Hospital Fernández el día 13 del mismo mes.

En la ciudad de La Plata, entre el 11 y el 12, fueron fusilados el teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno y el subteniente de reserva Alberto Abadie.

Cabe destacar dos tapas de estas jornadas que quedarán para la historia del periodismo servil. El diario Clarín tituló “Implantóse la Ley Marcial. Será fusilado en el acto todo perturbador de la tranquilidad” mientras que el diario La Nación tranquilizó a sus lectores de Recoleta comentando que “Fue desbaratado el intento subversivo y se restableció totalmente la normalidad”.

El Decreto de Ley Marcial con el que ilegalmente se intentó justificar los fusilamientos *

Artículo 1 – Durante la vigencia de la ley Marcial serán de aplicación las disposiciones de la ley numero 13.234, de Organización General de la Nación en tiempo de guerra.

Art. 2° – Todo oficial de las fuerzas armadas en actividad y cumplimendo actos de servicios podrá ordenar juicio sumarísimo con atribuciones para aplicar o no pena de muerte por fusilamiento a todo perturbador de la tranquilidad pública.

Art. 3° – A los fines de interpretación del articulo 2° se considerará como perturbador a toda persona que: porte armas, desobedezca órdenes policiales o demuestre actitudes sospechosas de cualquier naturaleza.

Art. 4° – El presente decreto-ley será refrendado por el Excelentísimo Señor Vicepresidente Provisional de la Nación, y los señores Ministros Secretarios de Estado en los Departamentos de Aeronáutica, Ejercito, Marina e Interior.

Art. 5° – Comuniquese, publiquese, dese a la Dirección General de Registro Nacional y archívese.

Fdo.: ARAMBURU; Rojas; Krause; Ossorio Arana; Hartung y Landaburu.

 

* Transcripción realizada del diario Clarín del día domingo 10 de junio de 1956.