Hoy se cumplen 12 años del trágico accidente que se cobró la vida del gran Norberto “Pappo” Napolitano. Su hermana Liliana nos abrió las puertas de la mítica casa de la calle Artigas para recordarlo y revelarnos algunos detalles de su vida y de su entrañable vínculo con el barrio.

Por Ramiro Varela

La placa que está colocada en la puerta dice que en esta casa nació Pappo. Vos tenías seis años por aquel entonces ¿qué imágenes guardás en tu memoria de ese momento?

Cuando yo tenía tres años, mi mamá tuvo a mi hermano Carlitos. El murió y lo enterraron el día que cumplió un año. Yo me enfermé de tristeza, me agarró ictericia y se me pusieron los ojos amarillos. Pasó el tiempo y yo reclamaba por mi hermanito. Cuando mi mamá quedó embarazada, un día me agarró y me dijo “Mirá, Lili. Como vos sos tan buenita, Dios te va a mandar a tu hermanito otra vez”.

Era un lunes 10 de marzo del año 1950. Empezaban las clases. Y Norberto nació a las seis, seis y pico. Y mi papá vino y me dijo “Lili, despertate. Ya vino tu hermanito”. Y me acuerdo como si fuera hoy: fui corriendo hasta la pieza, la vi a mi mamá con el bebé, me acerqué, lo abracé y le dije: “Mamá, es mío”. Y realmente fue mío porque yo lo cuidé… Para mí, mi hermano fue un hijo.

¿Cómo fue su infancia? ¿Qué recuerdos tenés de la escuela y los amigos del barrio?

Los amigos eran Panchito de acá enfrente, Ricardito de a la vuelta, Roli, Juancito, Lito… todos chicos del barrio. Y en el colegio era terrorífico. No le gustaba estudiar. Hasta tercer grado fue a la escuela que está en Caracas entre Camarones y San Blas. Por aquel entonces ese colegio aceptaba varones hasta tercer grado. Así que en cuarto Norberto se pasó al colegio de a la vuelta, sobre San Blas, donde hoy hay una escuela de educación especial. Antes había un colegio de varones y ahí terminó la primaria.

El último día de clases, faltando media hora para que termine sexto grado, apareció con el portero porque lo habían echado del colegio. Había llevado petardos y organizó a los chicos de todos los grados para que los prendan a la misma hora en el patio. El director pensó que habían puesto una bomba. Desesperado, preguntó quién fue y Norberto dijo “Fui yo”. El director llamó al maestro y éste le dijo: “O Napolitano o yo”. Y así terminó su primaria.

Ustedes vienen de una familia de músicos…

Sí, mi abuela paterna era profesora de violín y tenía tres primos que formaban parte del conjunto estable del Teatro Colón: Pedro y Emilio Napolitano, que eran los primeros violinistas y su prima, Mafalda Napolitano, que era la pianista. Mi abuelo materno era tenor y cantaba en el coro del Colón.

Y vos sos concertista de piano ¿te reconocés como una influencia en su decisión de volcarse hacia la música?

No sé. Lo que pasa es que yo empecé a estudiar música a los 11 años, cuando él tenía 5. Y cuando yo estudiaba, él me escuchaba mientras jugaba en el patio con su triciclo. Si yo me equivocaba, me lo remarcaba. Ya de chiquito tenía un oído tremendo.

Tu mamá quería que Norberto fuera el contador de la fábrica de tu papá ¿le costó mucho convencerla?

No, al ver que repitió tres veces primer año, se dio por vencida (Risas)

Me imagino que por esta casa deben haber desfilado una infinidad de músicos…

Todos. Menos Fito y Charly, que acá no han venido. O los Redondos, salvo el Conejo Jolivet. Pero porque no se dio que vengan acá. Aunque sí se juntaron en otros lados. Con Charly, por ejemplo, tocó en Cosquín. Pero acá sí, han venido muchos: Botafogo, David Lebón, los Manal, Willy Quiroga…

Vos en alguna oportunidad lo definiste a Norberto como un “nene grande”. ¿Cómo era en la intimidad del hogar?

Así, tal cual. Muy familiero y tranquilo. Si mi papá o mi mamá lo retaban, él les hacía caso. Era un tipo muy respetuoso y con mucho amor por la familia. Siempre me decía: “Yo quiero la felicidad de los viejos, la tuya y la de tus hijos. Mi vida son ustedes”.

El Carpo en una entrevista se refirió a La Paternal como su casa ¿cómo era su relación con el barrio?

Buenísima. Él siempre ensayaba acá, hacía ruido y nadie se quejaba. La gente lo quería mucho. Salía en pantalones cortos a pasear a su perro Cactus, a la panadería a comprar sandwiches de miga, que le encantaban, o a andar en bicicleta. Siempre todos lo saludaban. Los hinchas de Argentinos también le tenían mucho cariño, a pesar de que era hincha de San Lorenzo.

Recuerdo que un día, en la época de Carola Cassini, estaba lavando el auto en la puerta de casa y dos viejitas que venían de la iglesia de la otra cuadra lo reconocieron, lo fueron a abrazar y a darle un beso. Norberto las subió al coche y las llevó hasta la casa. Él era así. Nunca se creyó la del personaje famoso. Ni cuando volvió del Madison Square Garden de tocar con B.B. King.

El barrio lo adoptó como una suerte de hijo pródigo ¿vos también lo sentís así?

Sí, claro. Todo el mundo decía orgulloso que Pappo era de La Paternal. Aunque ahora le digan Villa Mitre, para nosotros es La Paternal.