Lo inexplicable del caso Pichetto

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Por Mempo Giardinelli

Durante toda la semana pasada el repertorio de xenofobia expresado y reiterado por el Sr. Miguel Ángel Pichetto, senador de la Nación por el Frente para la Victoria, escandalizó a la democracia.

El repudio fue generalizado y en su propio sector político algunas pocas voces tomaron distancia de sus infelices expresiones textuales:

a) "Funcionamos como ajuste social de Bolivia y delictivo de Perú: las principales villas del país están tomadas por peruanos. La Argentina incorpora toda esta resaca". Y b) "En noviembre, el Hospital Rivadavia está ocupado por paraguayos que vienen a operarse".

Ya antes, en Canal 26 y recordando la frase de un ministro de Economía francés respecto de los extranjeros que llegaban en los 80, se había preguntado: "¿Cuánta miseria puede aguantar Francia recibiendo a inmigrantes pobres? Yo me hago la misma pregunta en Argentina".

Y ahora, ofendiendo al kirchnerismo todo, disparó: "El problema de la Argentina es la cultura igualitaria". Y cuestionó también que "hay 35 mil colombianos estudiando en Argentina".

La suma de linduras ideológico-lingüísticas del Sr. Pichetto no es nueva si se recuerda que ya en 2013 había dicho que el atentado a la AMIA "le costó la vida a argentinos-judíos y a argentinos-argentinos que estaban en ese lugar".

Pues bien: salvo los ultraconocidos lameculos mediáticos que habitualmente se alinean en las peores causas, y el incalificable secretario macrista de Derechos Humanos (dicho sea con perdón de la valiosísima tradición de derechos humanos de nuestro país), puede afirmarse que la conciencia nacional mayoritariamente rechazó todas estas afirmaciones del Sr. Pichetto.

Y por supuesto, no faltaron los memoriosos de la política y del periodismo que evocaron la larguísima y penosa retahíla de votos inesperados, agachadas y traiciones ideológicas del Sr. Pichetto, camaleónico habitante del Congreso Nacional desde hace 23 años.

Nacido en Banfield en 1950, luego de graduarse de abogado en la UN de La Plata se radicó en la provincia de Río Negro, donde entre 1988 y 1993 fue legislador provincial. Durante toda la década de los ‘90 apoyó al menemismo y desde que en 1993 fue elegido diputado nacional y reelecto en 1997, adquirió sólida fama de obsecuente. En 2001 fue elegido senador (hasta 2007) y desde el 30 de diciembre de 2002 presidió al peronismo en el Senado. Claro que enseguida supo pegar un gran viraje al acomodarse primero como presidente del Bloque Justicialista del Senado y casi al toque ídem ídem del Bloque del FPV, al que maneja incuestionadamente desde 2003 a la fecha. Congresal nacional del PJ, se acomodó fuertemente junto a Néstor Kirchner y CFK después, tanto que en 2007 fue reelecto para un nuevo período senatorial hasta 2011. Y en 2011 nuevamente se hizo reelegir, seguramente por lo que con un toque de humor podría llamarse "afecto de banca".

En las elecciones de 2015 pudo terminar su larga carrera legislativa cuando fue candidato a gobernador rionegrino, apoyado por el kirchnerismo. Sin embargo, perdió por paliza (20 puntos) a manos del ex frentegrandino y a la sazón neomassista Alberto Weretilneck, quien buscaba y consiguió la reelección luego de suceder al desdichado Carlos Ernesto Soria, ex jefe de la SIDE muerto el 1º de enero de 2012 a causa de un disparo de su esposa, en su casa rionegrina. La derrota electoral, sin embargo, reafirmó al Sr. Pichetto en el liderazgo senatorial con todas las bendiciones kirchneristas, lo cual hay que recordar aunque a muchos/as ahora no les guste.

Y esto es precisamente lo que más llama la atención. Justo ahora que el Sr. Pichetto empieza a sincerarse ante la nación entera como sujeto discriminador, xenófobo y racista; justo ahora que asombra y repugna a toda conciencia democrática que este senador no sólo no se arrepiente de sus dichos, sino que ratifica sus bestiales expresiones, e incluso con el apoyo de sus nuevos jefes políticos macristas, a quienes empezó a servir con lealtad perruna desde el mismísimo 10 de diciembre del año pasado, resulta estruendoso el silencio kirchnerista en el Senado.

Ante este senador camaleónico que se acomodó rapidito bajo el sol del nuevo gobierno desde el momento mismo en que empezaron la demolición que ahora padece la Argentina toda, es intolerable su descaro de no renunciar al liderazgo de un bloque que debería ser opositor. Pero más intolerable es la inacción complaciente del grueso de ese bloque.

Este artículo, por si no queda claro, lo que pregunta en voz alta es qué esperan los muchos senadores kirchneristas para exigir la renuncia del Sr. Pichetto a la presidencia del bloque, o para iniciar un proceso de expulsión de su banca. Es absurdo que la única voz kirchnerista públicamente indignada haya sido la del ex embajador en el Vaticano y actual diputado al Parlasur Eduardo Valdez.

Que el Sr. Pichetto siga como jefe de la bancada del FPV en el Senado es hoy un contrasentido y una nueva torpeza de las que todavía no parece darse cuenta el kirchnerismo. Como el tonto y provocador baño de pies del ex vicepresidente Boudou y otros connotados dirigentes K en la reciente protesta de las CTA. ¿Es que no se dan cuenta de semejantes errores políticos? ¿Es que ningún senador honorable del FPV –que me consta que los hay, y no son minoría– le va a pedir la renuncia al Sr. Pichetto?

Nadie espera que este hombre renuncie, obvio que no, pero como ciudadano que ha votado al FPV uno sí espera que el bloque lo expulse, o, si no renuncia, que toda la bancada del FPV se aparte, forme otro bloque y lo dejen solo, miserablemente solo al Sr. Pichetto por impresentable, por viscoso a la hora de votarle cualquier cosa al macrismo demoledor. Y porque la política argentina necesita, de una vez, saneamientos ejemplares.

Fuente: Página 12

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