Lo que se venía anunciando finalmente se concretó: un grupo de diputados -de los cuáles el más notorio es Diego Bossio- rompieron con el bloque del FPV, y formaron una bancada aparte con “requechos” sueltos de la Cámara, dejando a la bancada que conduce Héctor Recalde sin la condición de primera minoría; al menos si se considera a “Cambiemos” en su conjunto como un interbloque, algo que aun no han decidido formalmente ellos mismos.

Dejemos para otra oportunidad las apelaciones a la moral política (queda abierto el espacio de los comentarios para acordarse de los idos) porque después de todo -como dijo alguien- la traición es una cuestión de fechas, o en todo caso (como dijo otro) de “lealtades sucesivas”. Tratemos en cambio de concentrar el análisis en las probables causas de la ruptura y -más importante aun- sus consecuencias.

Más allá de las razones que puedan esgrimir los auto-separados del bloque, lo cierto es que parece poco serio vincularlas al proceso electoral interno del PJ: de hecho ayer mismo se reunía el Consejo Nacional del PJ para delinear el cronograma electoral; y si tenían diferencias internas, nada les impedía (ni les impide) hacerlo a través del voto de los afiliados.

La maniobra -preanunciada en la cumbre veraniega del propio Bossio con Massa y Urtubey- se presenta como un intento de “refundación del peronismo”, expurgándolo de la anomalía kirchnerista; pero lo concreto es que es más bien parte de un plan para “apuntalar” desde la oposición al gobierno de Macri y su programa, que reconoce otros hitos fundamentales previos: la ida de Sergio Massa a Davos en la comitiva presidencial, su señalamiento desde allá por Macri como probable conductor del PJ y las apelaciones de Piumato (que dice lo que Moyano no puede decir, al menos en público) a “no sacar ventajas” en las paritarias que se vienen; pasando por las constantes apelaciones de Urtubey a construir un peronismo “competitivo y funcional”, o por las ofertas públicas de Pichetto de toma y daca legislativo con el gobierno.

Que por éste camino el peronismo sea “competitivo” es dudoso (todas las evidencias indican lo contrario), pero que es funcional salta a la vista: aunque se la plantee como una movida hacia el interior del PJ, su principal beneficiario (acaso instigador) es Macri: con los nuevos alineamientos de la Cámara podrá blanquear la designación de Tonelli en el Consejo de la Magistratura y controlar las comisiones claves, entre ellas la Bicameral Permanente que debe revisar los DNU. Y a fin de año podrá revalidar sin mayores problemas a Monzó al frente de Diputados.

Controlando una de las Cámaras, le bastará con que ésta aprueba todos y cada uno de sus DNU para que no puedan ser volteados, aun siendo rechazados en el Senado. Y hablando del Senado: que Macri haya decidido enviar al fin los pliegos de los propuestos para la Corte indica que ya tiene luz verde de al menos una parte de los senadores del FPV para que sean aprobados, sea votándolos positivamente o faltando a la sesión para bajar la exigencia constitucional de los dos tercios, que se cuenta sobre los miembros presentes.

En la misma situación (designados en comisión, pendientes de remitir sus pliegos al Senado) están Sturzenegger y los miembros del directorio de Banco Central, que instrumentaron el “Megacanje II” a partir de un DNU de Macri que derogó un artículo de la ley de presupuesto de éste año, e implementaron un combo de medidas desregulatorias de la actividas financiera que significaron ganancias descomunales para los bancos. Y en ese caso, ni siquiera se exigen los dos tercios para la aprobación.

No tiene mucho sentido efectuar el “poroteo” de los noveles tránsfugas y sus razones, porque hay hacia el interior del nuevo bloque de todo como en botica: desde personajes “sin tierra” (sin responsabilidades institucionales en sus provincias o gobiernos a los que responder, y sin perspectivas de ser reelectos el año que viene), hasta buscas como Roberti (el marido de Mónica López); que en un bloque de noventa y pico servirían el café en las reuniones, pero en uno más chico por ahí ligan algún cargo expectable en alguna comisión, con su carga anexa de nombramientos y contratos. 

La temporada de filibusterismo legislativo ya fue inaugurada por Giustozzi y su bloque, y el macrismo viene carancheando un poco de cada lado para sumar porotos: si en lo inmediato la sombra de la Banelco vuelve a sobrevolar el Congreso, nadie podrá asustarse, o declararse sorprendido.

La decisión de Bossio y los demás de romper con el bloque tampoco puede explicarse a partir de las necesidades de los gobernadores, desde que la mayoría de los diputados que les responden permanecieron bajo la conducción de Recalde; y no es mucho lo que el gobierno les puede ofrecer a cambio: el Plan Belgrano es por ahora solo un dibujo que ni siquiera tiene financiamiento concreto, no hay señales de dar marcha atrás con el DNU que dio a su vez marcha atrás con la devolución de los fondos coparticipables que iban a la ANSES -ni con el “rectificatorio” del aumento de los fondos a la CABA-, y la reforma de la ley de coparticipación forma parte del repertorio de los imposibles políticos.

Tampoco la ruptura puede atribuirse exclusivamente a razones de pragmatismo político, de “seguir al que ganó” y hoy disfrutaría de su “luna de miel” con la sociedad. Vemos a diario como están siendo desplegadas con gran velocidad las líneas maestras del proyecto de Macri: apertura irrestricta de la economía, nuevo alineamiento internacional, transferencia brutal de ingresos a favor de los sectores más concentrados, represión de la protesta social, revanchismo cultural, colonización del Estado por las corporaciones, vuelta veloz al endeudamiento externo, inminente capitulación ante el reclamo de los fondos buitres.

Así las cosas no se necesita “más tiempo para ver hacia donde rumbea el gobierno” (como reclama acá Perotti) porque está más que claro, y el que se oponga a oponerse frontalmente a sus políticas es porque está de acuerdo con ellas; lo diga así de frente manteca, o no. De hecho su silencio será tomado por el propio Macri y su gobierno, como aprobación.

Justo cuando conspicuos voceros del estalishment como Morales Solá empiezan a plantear dudas respecto a la perduración de la luna de miel de Macri con el electorado al calor de brutal ajuste que se está desplegando en la economía, desde un sector del peronismo se oxigena al gobierno; sin preguntarse demasiado que pasará si la “popularidad” de éste cae en picada. 

La ruptura le deja también al bloque mayoritario del FPV/PJ mayores márgenes de libertad para oponerse en el Congreso a las políticas de Macri, porque no se lo podrá acusar de comprometer el quórum o la gobernabilidad. Si se sostiene que de tal modo quedará condenado a la testimonialidad, habrá que contestar que la alternativa es la absorción dentro del dispositivo de poder que sustenta a Macri; un riesgo que ya es posible para los profugados del bloque, y  concreto para Massa y el Frente Renovador. 

Por no mencionar que un acompañamiento en bloque de las políticas de Macri diluiría por completo y desde ahora, las chances electorales del FPV/PJ para ser alternativa electoral a Cambiemos en el 2017. De allí que lo curioso del caso es que, presentada la movida de Bossio y Urtubey como un giro puramente pragmático, no se alcanzan a ver los beneficios concretos para ellos: hasta acá es toda ganancia para Macri.

Retomando lo del principio y viendo las cosas desde un ángulo de estricto pragmatismo político, cabe recordar la historia bíblica del que vendió sus derechos de primogénito por un plato de lentejas. En el caso del sindicalismo, podrían ser los fondos de las obras sociales. pero en el de Bossio y Urtubey, lo que no aparece a la vista es el plato, ni hablemos de las lentejas.

¿Creerán que desde el vandorismo macrista pueden llegar el día de mañana a conducir el peronismo?

Fuente NestorNautas