Mal fin de año y peor pronóstico para el que viene

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Por Raúl Dellatorre

Una recesión que se prolonga y ya proyecta sombras sobre el año 2017. Un deterioro salarial que no se ve compensado ni siquiera parcialmente con la desaceleración de la inflación, que está resultando muy inferior a la esperada por el gobierno. La inversión externa que no sólo no produjo la lluvia que el gobierno prometía, sino que por el contrario muestra signos de “desinversión real”, con cifras de remisión de utilidades y dividendos al exterior que superan las cifras de inversión real en los primeros nueve meses del año, y más acentuadamente a partir de abril. Y un nivel de endeudamiento creciente que, lejos de fortalecer las posibilidades futuras de repago del país, está sirviendo a la acumulación de ganancias de capitales especulativos y financiando, internamente, una fuga de divisas de los residentes locales que no cesa. En ese contexto, si existe alguna posibilidad de recuperación económica el año próximo, no será homogéneo entre distintos sectores y tendrá a la industria perdiendo participación, afectando negativamente el nivel y la calidad de empleo, y también la distribución del ingreso. Estas son algunas de las conclusiones y precisiones sobre el actual contexto económico aportadas en el Informe mensual de noviembre de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo Económico. En el que, además, se advierte sobre los riesgos de un creciente grado de conflictividad social y sobre el “espejismo” del supuesto equilibrio en el sector externo a partir de la estabilidad cambiaria y el nivel de reservas internacionales, ocultando un creciente deterioro en la cuenta corriente de la balanza de pagos y un endeudamiento que ingresa en una “dinámica insostenible”.

Recesión

“A nivel productivo, la mayoría de los indicadores oficiales refleja la continuidad de la recesión, con nuevas contracciones en el nivel de actividad de la industria y la construcción durante septiembre (-7,3 y -13,1 por ciento, respectivamente). Estos números tornan inviable la hipótesis oficial de caída del PIB del 1,5 por ciento para 2016, proyectándose un retroceso en torno al 2,7 por ciento”, señala FIDE en las primeras líneas del informe.

“Durante el segundo semestre, el desequilibrio fiscal se acentuó y las cuentas externas evidencian una ampliación del déficit, un bajo dinamismo de la inversión externa y la aceleración de la fuga de capitales”, apunta enseguida. Y agrega que, “hasta el momento, el nuevo endeudamiento no ha contribuido a ampliar la capacidad de repago de la economía argentina, se trata más bien del ingreso de fondos para el financiamiento del desequilibrio de las cuentas públicas y del aprovechamiento, para los inversores, de la excelente oportunidad para las colocaciones de sus excedentes en el mercado financiero. La persistencia de la fuga de capitales de los propios residentes constituye otra señal sobre los desequilibrios estructurales de la economía argentina, que alertan sobre la sostenibilidad de este esquema en el mediano plazo”.

Concluye, al respecto, que “es cada vez más evidente que la inercia de este proceso no garantiza el reingreso a un sendero de crecimiento sostenido. En el contexto electoral del año que viene, es previsible que el gasto público asuma un rol más expansivo, pero este impulso aislado es insuficiente si no se logra dinamizar el consumo interno”. Advierte, además, que “frente a un marco de debilidad en la demanda efectiva como el que prevalece, se hace difícil esperar una reactivación sensible en el flujo de inversión privada. La industria, por ejemplo, exhibe los niveles de capacidad instalada ociosa más altos en los últimos diez años”, por encima del 36 por ciento.

De este modo, con un consumo interno deprimido y perspectivas poco favorables para el empleo, inversión privada sin dinamismo ni alicientes en el mercado local y una posibilidad bastante limitada de abrir nuevos mercados para las exportaciones manufacturadas, el gasto público en un año electoral aparece como una alternativa solitaria de inyección de crecimiento e impulsor de un cambio de tendencia. A todas luces, insuficiente.

Desindustrialización

El trabajo de FIDE repasa que, “en las definiciones estratégicas que han explicitado los funcionarios del Gobierno, se advierte poco espacio para la industrialización. La identificación de unos pocos sectores competitivos, liderados por el agropecuario y sus manufacturas, deja librada a su suerte a una parte sustancial del entramado fabril y a sus trabajadores, en un contexto interno de caída de demanda, creciente presión de las importaciones y un mercado internacional anémico. Todo indica, en consecuencia, que aunque se recupere el crecimiento, el mismo no será homogéneo entre sectores, con la industria perdiendo participación, tal como viene ocurriendo hasta el presente. Este tipo de crecimiento no resultará neutral para el nivel y la calidad del empleo y tampoco para la distribución del ingreso. Y en este contexto, es previsible que la puja distributiva y la conflictividad social se mantengan presentes en el escenario”.

Espejismo cambiario

El estudio de FIDE analiza, en otro aparte, la evolución del sector financiero y el frente externo. “El Gobierno realizó en el mes de octubre una colocación de deuda por el equivalente a 11.000 millones de dólares, el monto más elevado desde la emisión de bonos por 16.500 millones de dólares realizada en abril de este año, en el marco del acuerdo con los fondos buitre”, señala. A pesar de que la mayor parte de esta emisión fue nominada en pesos (se deberá cancelar en moneda local a su vencimiento), quienes suscribieron esos títulos los pagaron en dólares, “aprovechando el contexto de bajo riesgo cambiario”. Es decir, cambiaron sus dólares por títulos en pesos porque el interés que ofrece el gobierno es tan elevado que promete, cuando los cobren y vuelvan a cambiarlos por dólares, rendirles una renta muy superior a la que hoy podrían obtener en divisas en cualquier otra inversión. Dos terceras partes de esos 11 mil millones de dólares de títulos emitidos fueron colocados a cambio de dólares. Esto explica, en parte, la quietud y cierta tendencia a la baja en el precio del dólar y el aumento durante el mes del nivel de reservas internacionales del Banco Central, que por ahora retiene los dólares (que son del Tesoro Nacional para pagar futuros déficit fiscales).

Al respecto, FIDE advierte:

“Este contexto de afluencia de dólares, en un escenario de buenos negocios financieros para el capital, también contribuye a sostener el espejismo de que en la Argentina sobran dólares. Pero este proceso convive con el deterioro de las condiciones del sector externo. Ello se expresa en la acentuación del desequilibrio de la cuenta corriente, donde la mejora en el saldo comercial fue más que compensada con el deterioro en la cuenta de servicios, fundamentalmente financieros, por el mayor pago de intereses que devenga la nueva deuda. Además del aumento de las transferencias al exterior en concepto de utilidades y dividendos. Egresos que experimentaron, en los primeros nueve meses del año, alzas del 104 por ciento el primero, y más de 1000 por ciento el último”. Agregamos: alzas medidas sobre valores en dólares.

Puesto en cifras: por pago de intereses salieron, hasta septiembre, 9057 millones de dólares, cuando en todo 2015 se habían pagado algo más de 6600 millones. Por utilidades y dividendos, en nueve meses de este año se giraron 2179 millones de dólares, cuando en todo 2015 se transfirieron menos de 300 millones. Parte de los dólares que ingresan por nueva deuda, salen por intereses y pago de dividendos a casas matrices de multinacionales. Otra parte se va como fuga de capitales de grandes operadores en el mercado, aquellos que realizan compras mensuales por más de cinco millones de dólares. Esta es la rueda que se puso en marcha, como advierte FIDE, sobre una economía hundida en la recesión y sin muchas perspectivas de volver al sendero de crecimiento.
Fuente: Página 12

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