El Metrobús, que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires utilizó como caballito de batalla durante la campaña previa a las últimas elecciones, en La Paternal está demostrando día a día que es un rotundo fracaso.

Sabido es que en el corredor de Juan B. Justo se viaja muy mal en las horas pico debido a la promesa incumplida de agregar nuevas unidades. Mientras que el de Av. San Martín ocasiona embotellamientos diarios en casi todas las calles del barrio.

A este malestar de los pasajeros se le debe sumar la nueva frustración que provoca la obra de refacción que está demorando ya más de dos semanas. La misma es una molestia tanto para peatones y automovilistas como para taxis y colectivos. Mientras los rodados deben pasar por un carril de pocos metros, los peatones se ven obligados a cruzar la calle casi por donde circulan los autos que transitan por la avenida contraria.

A su vez, los obradores -esas mallas plásticas de color naranja que se utilizan para perimetrar- suelen estar caídos o mal colocados, de modo tal que representan un obstáculo y un peligro de tropiezo para quienes pasan por allí. Otro episodio de gran resonancia fue el olor nauseabundo que emanaba la tierra con la que fueron rellenados los canteros lindantes a principios de año.

A lo largo todo este tiempo el Metrobus ha evidenciado que no deja de ser un sistema de carriles exclusivos para colectivos, magnificado por el discurso oficial y la construcción mediática, que lo único que ha traído son problemas y complicaciones para los vecinos y comerciantes de la zona.