Opinión: Lo que San Cayetano te da el Neoliberalismo te lo quita

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Hoy es 7 de agosto, día de la celebración cristiana de San Cayetano. Un recordatorio que históricamente los trabajadores argentinos se aferraron en los períodos de crisis económica en los últimos cuarenta años.
Una celebración que cumple la función muy importante para aquel que ya no tiene absolutamente nada, aferrarse a la esperanza que en el futuro algún día conseguirá trabajo. En los 90 el santo vivió un periodo de triste popularidad, sólo con recordad las largas colas que iniciaban un mes antes. También debemos recordar las celebraciones de alegría en los últimos años cuando los feligreses iban a agradecer el trabajo conseguido.

Ahora los tiempos “cambiaron” y está en marcha un modelo económico neoliberal. En el barrio de la Paternal somos testigos de esto como en todo el país. Se ha entrado en un juego dominado por la competitividad que degenera en la ley del más fuerte, donde el más poderoso se come al más débil. De esta manera vemos como nuestros vecinos, trabajadores, alumnos, etc se ven excluidos y marginados. Muchos ya se han quedado sin trabajo, sin horizonte, sin posibilidad de mantener a sus familias o continuar estudiando.

Ya hemos visto como empresarios del barrio iniciaron despidos de trabajadores, que pasaron a ser como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar o abandonar. Con estos primeros meses del gobierno de Cambiemos comenzamos a ver los que tantas veces se ha denunciado como la cultura del «descarte», los excluidos no son solamente «explotados» sino que son desechos, «sobrantes».

Por eso el Papa Ferancisco dijo con mucho claridad que “algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia.”

No hay que olvidar de mencionar el terrorífico trabajo realizado por los medios hegemónicos de comunicación, cuando realizan un finísimo trabajo de concientizacion mental que les hace creer a la clase media e incluso a muchos sectores humildes a identificarse con ideas teorías económicas que sólo benefician a una clase poderosa, la cual los utiliza en una lucha de pobres contra pobres en defensa de los intereses económicos de los que más tienen.

Estas cosas son las que vivimos a diario entre los vecinos de la Paternal. “Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe.” Pero el papa Francisco va más allá y expresa que “La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.”

Así como todos los cristianos respetamos el mandamiento de «no matar» pone un límite claro y preciso para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos la obligación de decirle “no a una economía de la exclusión y la inequidad”. Esa economía mata. Esperemos que el sector de la sociedad de nuestra comunidad barrial que se encuentra aún anestesiada por los cantos de sirenas de “Cambiemos” se una, acompañe al menos desde sus corazones el caminar de un pueblo despojado de uno de sus derechos más elementales que es el trabajo.

Osvaldo Peralta

LatePaternal

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