Una cosa hay que reconocerles, y es que son coherentes: van desmantelando prolijamente todas y cada una de las herramientas con que cuenta el Estado para controlar las diferentes variables de la economía.

Como hicieron cuando eximieron a las empresas de la obligación de informarles sobre la evolución de sus costos y la conformación de su estructura de precios; para luego pedirles “amigablemente” que los retrotrajeran a noviembre.

Cosa que -por supuesto- no hicieron, y ya nadie del gobierno siquiera se preocupa porque hagan, convalidando así los aumentos producidos en los últimos meses.

Y ahora con el dólar está pasando lo mismo: hay una batalla entre los bancos y los exportadores por el precio del verde, en la que unos quieren tenerlo más o menos pisado (para ganar con las tasas altas y el “spread” de diferencia con lo que pagan por depósitos, y con las diferentes bicicletas que el gobierno ha ido habilitando para hacer diferencia), y los otros quieren que siga subiendo, para compensar a su vez la caída de los precios internacionales.

Cuando el gobierno levantó el “cepo” estaba el compromiso de las exportadoras de liquidar unos 400 millones de dólares diarios de las ventas ya hechas al exterior, o sea unos 2000 millones al mes; para quitarle presión al mercado cambiario. Hoy están liquidando poco más del 40 % de eso, pero el verde no sube del todo porque los efectos de la recesión ya se están sintiendo por el lado de los importadores (cuya demanda está virtualmente parada); y porque aparecen dólares “golondrina” atraídos por la eliminación del encaje, y la posibilidad de obtener pingües beneficios con la suba de las tasas.

Lejos de exigirles a los exportadores que liquiden las divisas conforme a lo comprometido, el gobierno les levanta las restricciones de plazo, y por ende les da una herramienta para que se sienten arriba de los dólares, y solo los liquiden en el mercado de cambios cuando necesiten fondos en pesos (la mayoría de los grandes grupos exportadores tienen anchas espaldas para aguantar), o -sobre todo- cuando la sequía de divisas haga trepar el dólar al valor deseado por ellos; que obviamente no es el que hoy tiene el billete.

En esta pelea entre unos y otros, la actividad, el empleo, el consumo y el salario están apretados entre las dos pinzas: la suba de tasas es insostenible a largo plazo, la aceleración de la devaluación aceleraría la inflación y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, recalentando las paritarias y los reclamos.     

Hasta ahora la puja la venían ganando los bancos (claves además en la ingeniería del “megacanje”, que todo indica es para pagarles a los buitres), pero los exportadores mostraron los dientes y el gobierno -para variar- retrocedió.

Y nosotros -para variar también- vamos a seguir perdiendo, sobre todo porque el que nos tendría que defender está entregando una a una las pocas armas con las que cuenta para hacerlo; y tampoco le sobra mucha voluntad que digamos para empeñarse en la empresa.

Fuente: NestorNautas