Lula y CKF, los lìderes populares que el neoliberalismo teme.

Tanto Lula en Brasil como Cristina Fernández en Argentina, son acosados y maltratados con la complicidad de las más altas autoridades judiciales; tanto es el miedo que les tienen las poderosas minorìas antidemocráticas de sus respectivos países.

Por Emir Sader. Acoso a un símbolo de cambio. Lula y el futuro de Brasil. La derecha brasileña siempre creyó que en algún momento el Partido de los Trabajadores (PT) iba a ganar, pero fracasaría y a partir de ese momento podría dirigir el país con tranquilidad. Luiz Inácio Lula da Silva ganó y resultó ser el mejor gobierno que jamás tuvo el país. Desde ese momento empezó la caza de Lula.

No pudieron impedir su reelección en 2006, ni que él eligiera y reeligiera a su sucesora, en 2010 y 2014. Ahora Lula aparece como favorito para ganar las elecciones de 2018 y volver a ser presidente de Brasil.

En la desesperación, la derecha une todo lo que tiene: sectores del Poder Judicial, de la Policía Federal, los grandes medios privados, todos en campaña total contra Lula. Una campaña que se intensificó a partir del discurso de Lula en Río de Janeiro, en el cumpleaños del PT, el 27 de febrero, cuando declaró públicamente que si fuera para garantizar la continuidad del proceso iniciado en 2003, él seria candidato de nuevo.

A partir de ese momento la derecha declaró una guerra abierta contra Lula. Declaraciones falsas, desmentidas enseguida, pero mantenidas por los medios como si fueran reales.

Es el intento más grave y miserable de la derecha de buscar excluir a Lula de la vida política brasileña. Igual estrategia intenta Mauricio Macri en Argentina contra la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Ambas acciones, en Brasil y Argentina, perpetradas con la complicidad de las más altas autoridades judiciales, demuestran el miedo patológico y la impotencia que las minorìas ricas sienten hacia ambos ex presidentes.

La acción de la Policía Federal directamente contra el ex mandatario –en su casa, en la casa de su hijo, en el Instituto Lula–, llevándolo detenido, a pesar de que él ya había prestado anteriores declaraciones, fue anunciada por un periodista de Red Globo varias horas antes por Internet. Fue una operación mancomunada de sectores del Poder Judicial con los grandes medios privados y sectores de la Policía Federal.

Es el intento más grave de buscar excluir a Lula de la vida política brasileña. No hay ninguna prueba de las acusaciones que le hacen, intentan que presos declaren contra él a cambio de la disminución de sus condenas –las mal llamadas delaciones premiadas. No han logrado nada. De ahí la acción mediática espectacular contra el ex mandatario, para ver si logran con ello desgastar su imagen.

Han actuado en el momento en que Lula se declara candidato, en que el ministro de Justicia fue sustituido, pero todavía no ha cambiado los mandos de la Policía Federal, cuando el Supremo Tribunal Federal aún no ha juzgado el pedido de Lula de que el juez más arbitrario de todos deje de estar al mando de los casos en que se le acusa. Por todo ello, lo han hecho en este momento, acelerando los enfrentamientos y poniendo en jaque, al mismo tiempo, al gobierno de Dilma Rousseff.

Pero ahora han creado un punto de no retorno. Lula salió de rendir declaración, fue a la sede del PT y dio una conferencia de prensa emocionante, donde dijo que su llama está más encendida que nunca, que a partir del lunes retoma los viajes por todo el país para charlar, conversar, dejando claro que la campaña electoral de 2018 ha comenzado ahora.

El destino de Brasil se juega en este momento. O logran, por la vía judicial y policial excluir a Lula de la vida política, y así harían lo que les da la gana del país. O Lula logra superar también este momento y vuelve con más fuerza como el candidato favorito para a ser presidente de Brasil en 2018.

Fuente: Jornada

Fuente ContraInfo