Cuando sostenemos la posición de que el cine es un arma, muchos compañeros nos responden que la cámara no es un fusil, que esto es una confusión, etc. Ahora bien, está claro  para nosotros que el cine es un arma de contra-información, no un arma de tipo militar. Un instrumento de formación para la base. Este es el otro valor del cine en este momento de lucha. (Raymundo Gleyzer)

La plazoleta delimitada por la intersección de las calles Donato Alvarez, Espinosa y Juan Agustín García, se ha convertido ya en un característico punto de encuentro para los vecinos y las vecinas de La Paternal. Allí suelen llevarse a cabo distintos eventos, como la celebración de fechas patrias, los cumpleaños del barrio, las fiestas de carnaval o las actividades que realiza el colectivo Todos por la Mendoza, que desde hace años viene impulsando la creación de un espacio verde para el disfrute de toda la comunidad y para que pueda ser aprovechado además por los alumnos de la Escuela Provincia de Mendoza. Desde el año 2009 y gracias a una iniciativa de la Comisión por la Memoria y la Justicia de La Paternal y Villa Mitre impulsada en la Legislatura por Juan Cabandié, este espacio lleva el nombre del cineasta y militante Raymundo Gleyzer.

Raymundo Glyezer nació el 25 de septiembre de 1941. Hijo de Jacobo Gleyzer, un inmigrante ruso-ucraniano, y de Sara Aijen, actriz y fundadora del Teatro IFT, vivió en La Paternal hasta que se casó y era un confeso hincha de Argentinos Juniors. A los 20 años decidió abandonar la Facultad de Ciencias Económicas para empezar la Escuela Superior de Cine de la Universidad Nacional de La Plata.

Sus primeros pasos fueron como fotógrafo social. Tenía un estudio en el taller de un tío, también en La Paternal. Luego trabajó como periodista y cineasta. Fue el primer argentino que filmó en las islas Malvinas (para Telenoche, en 1966) y también fue el primero en enviar informes fílmicos sobre el trabajo en la zafra azucarera en Cuba, a fines de los años ’60. Para ganarse la vida, trabajaba además como director de cortos institucionales y colaboró en distintos rubros de producción en otras películas del cine argentino, entre las que se destaca su participación como camarógrafo en Adiós Sui Generis (Bebe Kamín, 1975).

En cuanto a su filmografía, realizó los cortometrajes El ciclo (1963), La tierra quema (1964), Ceramiqueros de Traslasierra (1965), Pictografías de Cerro Colorado (1965), Ocurrido en Hualfin (1965) y Quilino (1966), estos últimos junto a Jorge Prelorán. En 1971, dirige el largometraje documental México, la revolución congelada y el documental Ni Olvido ni perdón, sobre los fusilamientos de presos políticos en la base aeronaval de Trelew. Ese mismo año inicia su etapa militante en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

Por la necesidad de difundir sus películas clandestinas, creó Cine de la Base, un grupo de difusión y de producción cinematográfica militante. Gleyzer no tenía interés en que sus films se proyectaran en el circuito comercial: tenían que ir directamente a la base y la base no iba al cine. Al cine iba la clase media. Él quería que las películas se vieran en los barrios, los sindicatos, las fábricas y las universidades. Con este colectivo, presentan en 1973 el largometraje de ficción Los traidores y en 1974 concluyen el documental Me matan si no trabajo y si trabajo me matan.

Fue perseguido por la Triple A de José López Rega y más tarde por la dictadura cívico-militar, que lo secuestró el 27 de mayo de ese mismo año en la puerta del Sindicato Cinematográfico Argentino (SICA). Desde entonces permanece desaparecido, pero su legado continúa vigente y su memoria se mantiene viva en el recuerdo de nuestro querido barrio.