La última elección presidencial puso sobre la mesa -como pocas- la importancia de la comunicación política, y en el caso de “Cambiemos” y la candidatura de Macri, su eficacia; ya analizada acá.

Claro que una cosa es comunicar políticamente en campaña electoral, y otra muy distinta desde la gestión de gobierno; aunque todo indica que el macrismo trata de borrar la diferencia bajo el concepto de “gobierno en campaña”, o “campaña permanente”. De allí que los principales “tips” de la usina de Durán Barba se reiteren, ya con Macri instalado en la presidencia. 

Así abundan las imágenes de Antonia y la familia presidencial, la “humanización” del candidato-presidente y sus funcionarios, la idea de “gente común” igual a cualquiera de nosotros que intentan transmitirnos yendo al supermercado; y por supuesto, la sobre explotación (a punto tal que puede aventurarse que en breve lo gastarán, a este paso) del recurso de la “pesada herencia recibida”.

Con la generosa predisposición de los medios hegemónicos (parte inescindible del dispotivo político que sustenta a Macri) se instalan en la agenda cotidiana las denuncias de corrupción, los “cazabobos” distractivos (la fuga de los acusados del triple crimen, la búsqueda de Pérez Corradi, las cajas de los ex gerentes de Télam) puestos como cebos para concitar la atención de la opinión pública; desviándola de preocupaciones más acuciantes, en especial las que vienen del lado de la economía.

Sin embargo la realidad más tarde o más temprano termina abriéndose paso por su propio peso específico, y del mismo modo que la eficacia de la comunicación en campaña requiere de un cierto clima social propicio para instalar sus ejes, cuando se gobierna hay que tener hechos concretos que comunicar; de ser posible positivos y auspiciosos. De lo contrario, el esfuerzo del aparato propagandístico estará concentrado en distraer, o disfrazar, que es lo que le está pasando a Macri y su gobierno.

A tal punto que en los últimos días las únicas “buenas notis” que pudo apuntarse tienen que ver -curiosamente- con la “pesada herencia” del gobierno de Cristina que tanto denosta: así pasó con el anuncio del aumento a los jubilados, y así ocurrió también con la inauguración de un tramo de la electrificación del Roca, con presencia de Randazzo y “escrache” militante incluido en éste último caso; que hizo perder los estribos al presidente según un video que se ha viralizado en las redes sociales.

Por contraste, los principales indicadores de la economía (lo que ellos llamarían los “fundamentals”) arrojan todos señales negativas: la inflación lejos de ceder (como aseveró Prat Gay) tiende a acelerarse y todo indica que lo hará más en el futuro inmediato (si sigue subiendo el dólar y empiezan a pegar los tarifazos de luz y gas), hay señales alarmantes de merma en el nivel de actividad y el fantasma de una recesión con caída del PBI ya está entre nosotros, las reservas siguen cayendo por goteo (y de no ser por el préstamos del “Megacanje II” estarían por debajo de los niveles en las que las dejó Cristina), no se produce la entrada masiva de dólares del exterior (¿alguien puede percibir los efectos positivos del viaje a Davos?) y los exportadores gotean la liquidación de divisas, especulando con la suba tolerada por el Central, y favorecidos por sus medidas. 

El acuerdo con los fondos buitres (en el que el gobierno ha cifrado ahora -ante la demora de la “lluvia de inversiones”- el despegue de la economía) viene demorado; y nada indica que en lo inmediato los más duros como Paul Singer vayan a ceder ante la de por sí generosísima oferta oficial. Y aunque lo hicieran, está por verse si la tesis oficial se revela cierta: que cerrar el diferendo es la palanca para el crecimiento.

Porque lo cierto es que -hasta acá- el diagnóstico del equipo económico y las medidas tomadas en su consecuencia, lejos están de producir los efectos buscados: hasta la eliminación de las retenciones a algunas producciones regionales como en el caso del trigo, la leche y la fruta del Alto Valle no han resuelto los conflictos hacia el interior de cada una de las cadenas de valor, y antes bien los agravaron; porque los beneficios se los terminan apropiando los mismos de siempre: un conflicto que -dicho sea de paso- enfrenta a sectores que mayoritariamente votaron por “Cambiemos”.

La respuesta del gobierno frente a los inconvenientes no ya heredados sino auto-creados es una mezcla de negación, ambigüedad, perplejidad y obstinación ideológica (sí, ideológica: el cuento del monetarismo que cifra en la emisión monetaria las causas de la inflación contra toda evidencia empírica acual no puede caracterizarse de otra forma que un dogmatismo); que por momentos transmiten la sensación de que no existe un “Plan B” para el caso -que ya se puede comprobar- que el “A” fracase.

A menos -claro- que algunos efectos que la política económica está provocando en el salario, la distribución del ingreso, el nivel de consumo y el empleo sean los buscados. Sólo así podrían explicarse algunas incoherencias notorias como quejarse del abultado déficit fiscal y fijarse metas para reducirlo hasta su eliminación; cuando todas las semanas se anuncia un nuevo jubileo impositivo para algún sector concentrado o con ventajas comparativas (el último ha sido la minería), mientras promesas centrales de campaña como los cambios en Ganancias se van diluyendo en el tiempo; o se supeditan en su avance a la situación fiscal.

Estas dos velocidadews del programa económico para atender demandas sectoriales ya le está trayendo a Macri consecuencias políticas, como las quejas de sus aliados Massa y Carrió que -más que influir en cambios de la orientación del gobierno- lo que buscan es despegarse de los efectos más impopulares de las medidas que está tomando. 

El probable control del Congreso sobre el que el gobierno gasta a cuenta no ha tenido ocasión de comprobarse en la práctica y seguramente la primera será cuando aterice el pedido de derogación de la “ley cerrojo” y el “pago soberano local”, si es que prospera el acuerdo con los buitres. Aun así, y ya que de comunicación hablamos, el aparato publicitario del gobierno deberá hacer un esfuerzo mayúsculo para presentar como una victoria lo que es una capitulación; y es muy posible que, aun ganando en el recinto, pierda en la percepción social.

El silencio presidencial y las declaraciones de ocasión posteriores al encuentro con las CGT confirma que la idea de la reunión (aunque se quiera negarla) es tirar las paritarias para abajo; buscando colocar al salario como el único ancla eficaz contra la inflación, mientra se deja flotar al dólar. Volvemos al inicio: será difícil presentar como una decisión madura y responsable” la traición del sindicalismo a sus representados, y la consagración (si prosperara el intento) de una brutal transferencia de ingresos en perjuicio de los sectores populares; a partir de la devaluación y las medidas que la complementaron.

El plan económico pega directo en la línea de flotación de tres variables claves para definir el humor social, en el orden en que se ven amenazadas hoy: el salario, el consumo y el empleo; y los efectos golpean y golpearán a todos por igual, hayan votado o no a Macri.

Y si los efectos negativos de la política económica se profundizan, una vez rota la “espiral del silencio” o finalizada la “luna de miel” con el gobierno (para lo cual no hay un “plazo” cierto, sino un “clima” que contextualiza), se tornará invariablemente insuficiente (acaso contraproducente) la coraza mediática; y se empezarán a colar en la agenda social todos los demás temas que afloran cuando hay malestar económico: la represión de la protesta social, la persecución ideológica, los desbarrancos institucionales y los gestos autoritarios del gobierno. 

Por el lado de la oposición, no debe perderse de vista que no es ella la que crea el malestar social, pero sí la que debe interpretarlo y capitalizarlo políticamente. De modo que si los indicadores económicos marcan luces de alerta -y nada hace suponer que vayan a mejorar en el futuro inmediato- hay allí una señal clara en especial para el FPV/PJ (como que es la fuerza que logró captar el 49 % de las voluntades electorales): se estará acercando el tiempo en el que las discusiones internas, los pases de factura y los pedidos de autocrítica deberán ir dando paso -inexorablemente- al diseño de una estrategia política para el futuro; para volver a constituirse en alternativa clara al gobierno.

De lo contrario -es decir, si el previsible descontento social con el rumbo del gobierno no lo capitaliza el peronismo- lo que hay que preguntarse es quien y cómo o desde donde lo hará; y que otro rol que no sea ése (el de encarnar y conducir la oposición a un gobierno cuyas políticas lesionan los intereses de los sectores populares) le cabe a la fuerza política que condujo al país durante 12 años, hasta diciembre pasado.

Fuente NestorNautas